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A dos metros bajo tierra. Reflexiones sobre la huelga de metro

In número 6 on 19 febrero, 2011 at 2:21 pm

Contextualización

  • Plan de ajuste.

El 12 de mayo el Gobierno de Zapatero aprueba en el Parlamento el llamado plan de ajuste (Real Decreto Ley 8/2010) que, de la noche a la mañana, dinamita el acuerdo salarial para los funcionarios, rebajando sus sueldos un 5% de media y congelando sus nóminas para el año 2011. Además, congela las pensiones, dificulta la jubilación parcial, elimina derechos, reduce inversiones, etc.

Ante este brutal ataque, los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT), convocan con la boca pequeña una huelga de funcionarios para el 8 de junio, en vez de la necesaria movilización general para echar atrás esta agresión sin precedentes.

El 10 de junio, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, anuncia una Ley (4/2010) con la intención de adaptar las medidas del plan de ajuste de Zapatero. Es esta ley la que golpea de lleno a los trabajadores de Metro, pretendiendo reventar el convenio colectivo 2009-2012, reduciendo para este año el 5% de los salarios ya pactados.

Por si todo esto fuese poco, el 17 de junio el Gobierno de Zapatero publica la reforma laboral que habían estado a punto de “acordar” los sindicatos con la CEOE (Real Decreto Ley 10/2010): otra agresión sin precedentes a los convenios y a los derechos de los trabajadores.

Los sindicatos retrasan la respuesta hasta después de vacaciones, convocando un día de huelga general para el 29 de septiembre. La huelga demostraría los límites del control sindical: mucho seguimiento en los sectores tradicionales donde CC.OO y UGT tienen implantación (metal, fabril, etc.), y escaso o nulo en todo lo que huela a servicios o comercio.

CRONOLOGIA RESUMIDA Y REFLEXIONADA

La siguiente cronología recoge alguna de las fechas más determinantes para entender la evolución de la huelga de Metro en Madrid. Para un seguimiento más exhaustivo y detallado del conflicto recomendamos la lectura del número 52 del periódico “Contramarcha”[1], publicación de la sección en Metro del sindicato Solidaridad Obrera. Añadimos a cada acontecimiento un apartado de comentarios y reflexiones que tienen la intención de promover la reflexión sobre lo ocurrido, esclarecer algunos hechos en nuestra opinión confusos, y dar una lectura propia del conflicto.

  • Jueves 17 de junio: Primera asamblea

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprueba el 10 de junio remitir a la Asamblea el proyecto normativo por el que se adapta la legislación autonómica al Real Decreto Ley 8/2010 de medidas extraordinarias para la reducción del déficit público, a costa de los salarios de los trabajadores. Estas bajadas afectarán a todas las empresas públicas, entre las que citan de manera explícita a Metro de Madrid, Canal de Isabel II, Telemadrid y AvalMadrid.

Se convoca esta asamblea como respuesta al anuncio de la Comunidad de adaptar el plan de ajuste del Gobierno central. La convocatoria se hace de forma unitaria por todos los sindicatos que tienen presencia en Metro, es decir, Sindicato de Conductores de Metro de Madrid (SCMM), Comisiones Obreras (CCOO), Sindicato Libre (SLMS) y Unión General de Trabajadores (UGT), Solidaridad Obrera (SO). Acuden más de 1000 trabajadores  (328  por la mañana y 694 por la tarde).

En esta primera asamblea se decide convocar varias movilizaciones: una concentración el 24 de junio ante la Asamblea de la Comunidad de Madrid, y otra el 28 de junio en la céntrica Puerta del Sol. Se decide también que si ese mismo día 28 la Comunidad aprobase el Decreto autonómico, se convocaría una huelga salvaje para los días 29 y 30 de junio, así como un encierro en los talleres de Plaza de Castilla.

Por aquellos días ya se preveía un ataque serio por parte de los medios de comunicación a los trabajadores en huelga. Por ello, se aprueba la redacción y difusión por el metro de un panfleto[2] en el que se explican las causas de la huelga, y se aclara que no es sólo cuestión económica sino que, lo peor de todo, es la ruptura del convenio y el cuestionamiento directo del derecho a la negociación colectiva.

Reflexiones

Nos parece interesante valorar la postura inicial con la que cada sindicato se presenta al inicio del conflicto. CCOO y Sindicato Libre querían sólo un día de huelga de 24 h., o bien tres días de paros parciales de tres horas. Solidaridad Obrera, Sindicato de Conductores y UGT, que se suma, llevan a la asamblea la propuesta de huelgas de 24h., respetando los mínimos, para los días 28, 29 y 30 de junio. Sólo se consensúa entre todos los sindicatos la concentración para el día 24 ante la Asamblea de Madrid, así como una huelga de 24 h. respetando los servicios mínimos para el día 28 de junio con concentración en la Puerta del Sol.

Inicialmente, ningún sindicato propuso romper los servicios mínimos a partir del día 29 en caso de que la Comunidad llegara a aprobar el Decreto de adaptación el día 28. Esa propuesta surge desde la asamblea. Es consecuencia del ánimo e iniciativa de los trabajadores, que por entonces ya preveían  la adaptación del plan de ajuste y querían responder de forma contundente.

Nos gustaría matizar que la decisión de saltarse los servicios mínimos no se debe a que los trabajadores de Metro fueran especialmente radicales o a que quisieran meterse en problemas, sino a que se vieron obligados a ello para que su conflicto tuviera alguna posibilidad de éxito. Como se vio los días que hubo huelga con mínimos, y como expresaban los mismos trabajadores en las asambleas, un 50% de mínimos en el metro de Madrid, sin universidades ni colegios debido al verano, apenas tenía influencia real en la ciudad. Aun así, saltarse los mínimos nos parece muy destacable, no porque se rompa la legalidad, sino porque pone los intereses y las necesidades de los trabajadores por encima de ésta, desbordando los canales y las mediaciones establecidas.

  • 24 y 28 de junio: Movilizaciones

El 24 de junio se convoca una concentración ante la Asamblea de Madrid, en Vallecas, ya que es la fecha en que se van a tomar en consideración las enmiendas al Decreto que “legaliza” la ruptura del convenio. Aquel día, además, hay convocada una concentración por los trabajadores de las ambulancias, para quienes la Comunidad ha anunciado el recorte drástico del servicio que prestan, aunque en ningún momento se unen a los varios miles de trabajadores de Metro, de todas las categorías, que se dan cita allí. Pero sí que asisten grupos de trabajadores de diferentes empresas con conflictos abiertos, como EMT, telefónica, o de pequeños sindicatos como la Coordinadora Asamblearia por la Sanidad o Cobas UPS…

La concentración tiene un clima muy combativo. Los ánimos están fuertes y el cabreo, con la treta política que se desarrolla al otro lado de las puertas de la Asamblea de la Comunidad, es considerable. Al poco de empezar se produce una carga con la intención de desorganizar y romper la concentración, pero afortunadamente la respuesta es unánime y se impide la detención de un compañero.

La Asamblea de Madrid aprueba la Ley 4/2010, que incluye la enmienda nº 1 del PP[3], reventando de una manera ya oficial el Convenio Colectivo 2009/2012 para el Metro.

La concentración de la Puerta del Sol es multitudinaria. La localización céntrica de la convocatoria hace que muchos trabajadores de Madrid se acerquen a expresar su apoyo y solidaridad con los trabajadores de Metro. El ambiente es menos combativo que en la concentración anterior, aunque es de valorar el gran apoyo que significa la presencia de trabajadores sin vinculación a Metro y el de familias al completo apoyando a sus trabajadores. Todos tenemos como preocupación principal la asamblea que se celebraría a las 22:00h en los talleres de Plaza de Castilla.

En la asamblea se ratifican los dos días de huelga salvaje y se pasa a organizar los piquetes en todas las cabeceras y centros de trabajo. Se palpa un clima de gran efervescencia y excitación en la que va a ser la asamblea más multitudinaria y de mayor actividad.

Reflexiones

Las concentraciones ante la Asamblea de Madrid y en Sol fueron una toma del pulso del colectivo de trabajadores de Metro. Ambas tenían como función principal ser medida de presión y denunciar la agresión que suponía la adaptación del plan de ajuste del Gobierno central, en los sitios donde se estaba gestando. Pero también, y no menos importante, las dos suponían la expresión pública y colectiva del malestar que se venía masticando en los tajos ante las medidas de recorte en derechos y salarios. En este sentido, esta expresión pública fue de gran importancia para que los propios trabajadores tomaran conciencia de su propio potencial como colectivo en lucha, y mostraba  su determinación de no dejarse doblegar sin plantar batalla. Creemos que la gran asistencia y participación en la asamblea posterior se entiende mejor teniendo en cuenta el éxito de la concentración anterior en Sol.

En nuestra opinión, sacar el conflicto a la calle y hacerlo público lejos de los centros de trabajo es fundamental. A nivel externo, facilita que otros trabajadores puedan expresar su solidaridad y entren en contacto con los que están en lucha. También permite una implicación directa y activa de amigos y familiares en el conflicto. A nivel interno, las concentraciones y movilizaciones son, junto con las asambleas, momentos en los que es más palpable la unidad y fuerza real de los trabajadores. Con esto queremos resaltar la importancia del factor emocional en los diferentes momentos de la lucha, y cómo determinados actos contribuyen a la generalización de estados de ánimo que aúnan y motivan para el avance.

Creemos que las concentraciones de Vallecas y la de Puerta de Sol, en las que se congregaron trabajadores de Metro junto con sus familias y amigos, y a las que acudieron cientos de trabajadores de otras empresas afectadas por las medidas de ajuste del Gobierno, además de trabajadores en general, fueron de gran importancia para generar el ambiente de lucha y la motivación que desembocarían en los dos días de huelga salvaje.

Efervescencia auto organizativa y superación de control sindical

Queremos resaltar la importancia de la asamblea del 28 en estos momentos iniciales del conflicto, ya que fue la más multitudinaria de toda la huelga y, sin poder asegurar una cifra (por suerte nadie perdió el tiempo en contar a los presentes), sí podemos aventurarnos a decir que se congregaron varios miles de trabajadores. Pero no sólo es importante por la cantidad de asistentes, sino por el clima, por los ánimos, por la efervescencia de lo que allí sucedió.

Recordemos que la postura de no respetar los mínimos para los días 29 y 30, como respuesta a la aprobación del Decreto de adaptación del plan de ajuste que reventaba el convenio de Metro, fue forzada por los trabajadores, viéndose el comité de huelga obligado a aceptar el sentir de la gran mayoría de la asamblea. Esto se repitió en la asamblea del día 28, en la que se tenía que ratificar el acuerdo del día 17 de no respetar los mínimos. La decisión firme de los trabajadores de no dar un paso atrás ante la agresión de la Comunidad, y su defensa airada, provoca en pocos minutos la toma del acuerdo de huelga salvaje y que se pase a organizar la parte técnica de los piquetes, no quedando apenas espacio para la intervención de alguno de los integrantes del comité de huelga, que sólo tenían la posibilidad de sumarse al sentir de la asamblea, dando arengas y ensalzando la determinación de lucha y de unidad. Los trabajadores deciden tirar pa´lante en el pulso con la Comunidad y la dirección de Metro: “Vamos a reventar Madrid”. La organización de los piquetes para paralizar el metro de Madrid es una tarea compleja, pero a nadie se le escapa que los mejores conocedores de cómo llevarla a cabo son los propios trabajadores de Metro. En aquellos momentos son cientos los corrillos de trabajadores organizando sus piquetes, idas y venidas de gente apresurada, llamadas por el móvil para organizarse con los compañeros que no están presentes por tener que cumplir mínimos. Y en todo esto el comité de huelga, y los cabecillas sindicales, poco pueden hacer; a lo sumo, intentar organizar las mesas donde se agolpaban los trabajadores para apuntar la localización de su piquete.

Con el relato de este momento, queremos resaltar la capacidad auto organizativa de los trabajadores, aunque sin duda se entendería mejor al vivirlo. Cómo en los momentos de avance de un conflicto, la fuerza, decisión y capacidad organizativa de los propios trabajadores pueden llegar a ser el motor de la lucha, sin necesidad de mediación sindical, que si interviniera, sería para entorpecer el libre desarrollo del potencial de lucha del colectivo de trabajadores. Los sindicatos, como organizaciones de representación de los trabajadores dentro del capital, altamente burocratizadas, ralentizan el conflicto, lo desplazan de los hechos a las palabras, lo intentan vincular a la negociación desde los despachos, y como consecuencia de todo esto, lo acaban ahogando. En este punto nos gustaría destacar la contradicción entre las consecuencias de la mediación sindical y el hecho de que muchos de estos trabajadores que desbordaron dicha mediación seguramente fuesen afiliados o militantes de base de esos mismos sindicatos que les acabarían traicionando. No hay que idealizar a un supuesto trabajador autónomo, puro de contaminación sindical, que lleva adelante la lucha y es traicionado por unos sindicalistas malísimos. Asumir que la realidad suele ser bastante más compleja y contradictoria, nos evitará llevarnos algunos chascos cuando participemos en conflictos reales. La trayectoria de vida del conflicto de Metro así lo demuestra, y forma parte de nuestro análisis el intentar esclarecer este hecho.

  • Martes 29: Huelga salvaje

El seguimiento de la huelga por la noche es total, así como en el primer turno de la mañana. A las 12 nos reunimos en asamblea general en Plaza de Castilla. Es una asamblea rápida porque hay que volver a los piquetes de la tarde, para valorar el comienzo de la huelga salvaje. Se ve que hace falta más gente en los piquetes de Estaciones, que  el seguimiento en Trenes y Oficios es total, pero que ha bajado, respecto al día anterior, en Técnicos y Administrativos, aunque sigue siendo históricamente de los más altos. La mayoría de los Jefes de Línea y de los Técnicos de Línea anteponen la prima que podrían llegar a perder a la solidaridad con el resto de compañeros, que se juegan su puesto de trabajo.

Las presiones de AENA por tener servicio de metro en el aeropuerto hacen que la empresa intente abrir la línea 8 a partir de las 17,30h. La policía toma la estación y decenas de periodistas conectan en directo, una y otra vez, anunciando un servicio falso que no se puede prestar por falta de conductores.

Los piquetes de la madrugada del 29 son cruciales para el desarrollo del resto de la huelga salvaje. Así lo sienten los trabajadores, y así lo entiende la administración. Hay presencia policial en todas las cocheras, destinada a dificultar la acción de los piquetes, escoltando a los pocos esquiroles que acuden al trabajo y debilitando así el potencial de la huelga, fomentando la desunión y el enfrentamiento entre trabajadores. Se viven los momentos de mayor tensión. Los forcejeos y amenazas no consiguen su objetivo, teniendo que retirarse los efectivos de la  cuando se extiende la noticia de que Metro ha cerrado, y que no habrá servicio esa mañana. Esto es un gran impulso para el ánimo de los huelguistas que ven el potencial de su organización.

Reflexiones

El primer día de huelga salvaje se probó la determinación y la fuerza real de los trabajadores de Metro. Consiguieron cerrar el metro de Madrid, impidiendo el servicio en todas  las líneas y mostrando con ello además una altísima capacidad organizativa. Con esto demostraron que la cosa iba en serio, que lo expresado en las asambleas no era ningún farol.

Este mismo día empezó el “linchamiento mediático”, que será una constante mientras dure el conflicto y que tendrá importantes consecuencias en la asamblea del día 30. Los medios lanzaron todo lo que tenían contra los trabajadores, que fueron acusados de “privilegiados”, “secuestradores”, etc[4].

Aquí los trabajadores cometieron un fallo importante. El conflicto de Metro, por sus características, se iba a jugar necesariamente en dos planos: uno “real”, el de conseguir un seguimiento general de la huelga y paralizar el metro; y otro “público”, que incluye todo el aspecto mediático, pero que no se queda ahí. Esto se debe a que Metro es una empresa muy particular. En primer lugar, todo Madrid depende de ella: como se vería estos días, es la parte crucial del transporte de la ciudad, lo cual implicaba que iba a trastocar la vida de mucha gente, en su mayoría trabajadores. En segundo lugar, el responsable de Metro es el Consorcio de Transportes y, en última instancia, la Comunidad de Madrid. Eso significa que delante no sólo tenían a un empresario preocupado por las pérdidas económicas, sino a unos políticos que se jugaban sus votos y su imagen. Si Aguirre conseguía poner de su lado a la “opinión pública” (utilizando todo el poder de la “opinión publicada”) podría aguantar más tiempo sin torcer el brazo, amenazar con más sanciones, mandar más expedientes, utilizar a la policía con más contundencia, etc. Los trabajadores de Metro, conscientes de su unidad y determinación como colectivo gracias a las asambleas y las movilizaciones previas, se sintieron tan fuertes en el primer plano, que descuidaron el segundo aspecto. En este sentido, creemos que el esfuerzo que hicieron los trabajadores por comunicarse con el exterior, rompiendo el hostil cerco mediático, no llegó ni de lejos al que hicieron para conseguir que los paros tuvieran éxito. El panfleto editado por el comité antes de la huelga fue a todas luces claramente insuficiente. ¿Cuántos panfletos se hicieron y cuánta gente coge el metro de Madrid al día? Habrían sido necesarios muchos más panfletos, o mesas de información, “guiños” al resto de trabajadores, pero sobre todo más movilizaciones públicas, concentraciones solidarias, etc. que sacasen el conflicto y sus causas a la calle. Más adelante veremos que cuando el comité de huelga intentó revertir la situación el día 30, al permitir que los medios retransmitiesen la asamblea en directo, las consecuencias fueron desastrosas.

En este contexto, nos parece interesante analizar la estratagema desarrollada en la línea 8 del metro, que es la que comunica con el aeropuerto de Barajas. La  tomó por la fuerza la estación de Nuevos Ministerios, con un gran despliegue operativo. Se permitió el paso de los medios de comunicación y decenas de periodistas difundieron por sus respectivos medios la existencia del servicio de Metro hacia la T4. Esta acción revela una coordinación entre la Comunidad de Madrid y Delegación del Gobierno, dependiente del Ministerio del Interior, del cual depende la , y muestra a las claras los intereses de ambos organismos, por óonde van sus intenciones y preocupaciones.

Al elegir abrir la línea 8 del metro para dar servicio al aeropuerto, en vez de otras líneas esenciales para el transporte de Madrid, como la 1, la 6 o la 10, se quería impedir el posible daño a la imagen pública a nivel internacional del Madrid turístico y de la ciudad de negocios. Siendo esto, como es obvio, de gran importancia económica, también revela la hipocresía de la Comunidad, cuyo discurso público parecía desvivirse y preocuparse por el cuidado de los habitantes de Madrid, pero  cuyos actos iban más encaminados a mimar al turista que viene a pasar algunos días de divertimento, o a aquellos que podían venir a algún congreso de negocios, intentando limitar los posibles perjuicios publicitarios de su malestar. De haber conseguido romper el cerco mediático, creemos que resaltar este punto podría haber hecho bastante daño a los argumentos de la Comunidad y haber puesto a la gente más en favor de los huelguistas.

  • Miércoles 30: Segundo día de huelga salvaje

El seguimiento de la huelga es masivo, mayor incluso que el día anterior. Nuevamente se intenta abrir por la fuerza la línea 8, dirección al aeropuerto, pero esta vez se corta de raíz el montaje de la Policía Nacional y los medios de comunicación.

Este día sí que se permite la entrada de los medios de comunicación a la asamblea (hasta ahora seguían las asambleas desde el otro lado de la valla de los talleres de Plaza Castilla), a la que se acude de manera masiva, llegando incluso a ser retransmitida la asamblea en directo por televisión, radio y por periódicos digitales. En ella se acuerda hacer huelga con servicios mínimos los días 1 y 2 de julio (jueves y viernes) y no hacerla ni el 3, ni el 4, ni el 5 (sábado, domingo y lunes), citándonos para reunirnos el lunes 5 en asamblea general. También se decide volver a la huelga salvaje en caso de que haya un expediente o se toque el convenio.

Reflexiones

Este día fue crucial para entender la posterior evolución del conflicto.

El ataque de los medios de comunicación estaba en su punto álgido. Como reflexionábamos anteriormente, este ataque se centra en fomentar la falsa oposición entre trabajadores en lucha y “usuarios”, llegando en su desvarío a tachar a los trabajadores de Metro de insolidarios, egoístas, privilegiados, o incluso secuestradores. Esto, sin duda, hizo mella en la moral de los trabajadores e influyó en el desarrollo y la forma de la asamblea, que estuvo marcada por la asistencia masiva de los medios de comunicación. Esto determinó las intervenciones de los miembros del comité de huelga, más pendientes de las interpretaciones que pudieran dar los medios a sus palabras que de comunicarse con los trabajadores, tomando todos sus discursos forma de rueda de prensa y quedando los trabajadores, y los que nos encontrábamos allí, en el desagradable papel de espectadores de su propio conflicto. En este contexto, el comité de huelga lanzó la propuesta de una “huelga con servicios mínimos los días 1 y 2 de julio (jueves y viernes), y no hacer huelga ni el 3, el 4 y 5 (sábado, domingo y lunes)”. Esta propuesta fue defendida por los miembros del comité como estrategia para contrarrestar el ataque mediático que estaban sufriendo los huelguistas. En palabras del propio portavoz del comité, “es una propuesta para dar un respiro a los madrileños”. Con ello, y delante de los medios, pretendían mostrarse sensibles a las molestias que acarreaba la huelga para los “usuarios” del metro de Madrid. La propuesta no fue entendida así por todos los trabajadores. Tras los dos días de huelga salvaje en los que los trabajadores de metro habían puesto en jaque a la administración, demostrando su determinación y potencial, volver a dos días con mínimos y dejar de hacer huelga el fin de semana era, a todas luces, un intento de rebajar la conflictividad. Más aún teniendo en cuenta que ese fin de semana había eventos multitudinarios en Madrid (día del Orgullo Gay, concierto de Shakira, etc.) que, de no haber servicio de metro, se provocaría un caos que aumentaría la presión sobre la administración. Desde la lectura de estos trabajadores, con la que en su momento coincidimos, esta disminución de la conflictividad que se propuso como “respiro” a los “usuarios”, a quien daba aire era a la Comunidad de Madrid y a su Ayuntamiento. De esta manera se zafaban del gran problema que habría supuesto continuar con la huelga salvaje, con un fin de semana de actos tan masivos, y además, ponían en peligro la evolución del conflicto, porque suponía tirar del freno de mano en un momento en el que la motivación y las fuerzas estaban en su punto máximo. Este parón podía acabar con el clima ganado en el éxito de los dos días de huelga salvaje, y hacer cundir el desánimo, perdiendo, con ello, la posición de fuerza que se había conseguido de cara a una posible negociación.

Esta diferencia de sentir y de opción estratégica entre el comité de huelga y un buen número de trabajadores se hizo notar en la asamblea en forma de protestas, gritos, jaleo, intervenciones de crítica y propuestas, además de un clima de alta tensión que hizo que  la asamblea fuera difícil y por momentos confusa. Pero los trabajadores no sólo protestaban, sino que también exponían propuestas alternativas, alguna de ellas muy interesantes, y acertadas en nuestra opinión. Un ejemplo que nos parece interesante es la posibilidad que propuso un trabajador de gestionar los servicios mínimos desde la propia asamblea. Con esto, lo que reclamaba era la posibilidad de hacer un gesto de complicidad al resto de trabajadores de Madrid, dando el servicio de Metro con mínimos, pero en vez de asumir los mínimos abusivos impuestos por la Comunidad, que eran del 50%,  autogestionar los mínimos desde la asamblea dando, según el día y la hora, unos diferentes por debajo del 50% impuesto. Esto permitiría mantenerse dentro del marco de radicalidad de los días de huelga salvaje, dado que se seguirían incumpliendo los mínimos, pero también mandaría el mensaje claro a los “usuarios” de que se les daría la posibilidad del servicio de Metro, pero la lucha de los trabajadores continuaría tal cual. Por tanto, se haría el tan reclamado gesto de dar un “respiro” sin que ello supusiera rebajar el nivel de conflictividad. Pero además, esta propuesta tiene un valor añadido de gran importancia, y es que autogestionar los mínimos desde la propia asamblea haría necesaria la implicación activa de todos los trabajadores. Organizar los mínimos era una tarea compleja que no podía llevarse sin la organización activa de todos, porque los propios trabajadores eran los mejores conocedores del trabajo, de los turnos, horarios, etc. Esto mantendría el nivel de actividad e implicación de los primeros días de huelga salvaje, cuando la efervescencia autoorganizativa y la unidad de los trabajadores al organizar los piquetes había sido el motor de la lucha.

En torno a esta reflexión queremos volver a valorar la propuesta del comité de huelga. Creemos que no sólo suponía una rebaja del nivel de conflictividad y una pérdida de la posición de fuerza ganada días atrás ante una posible negociación, sino que traía aparejada la consecuencia de un distanciamiento de los trabajadores con su propio conflicto. Una pérdida del control sobre la evolución del conflicto por parte de los trabajadores en asamblea que, por contrapartida, era ganado por el comité de huelga, recuperando así un protagonismo que no había podido tener, por las circunstancias ya comentadas, en los primeros momentos de la lucha. En nuestra opinión, esta pérdida de control de la asamblea sobre su conflicto y la recuperación del protagonismo por parte del comité de huelga no fue fruto casual de las circunstancias del conflicto, sino que era parte de la estrategia desarrollada por el propio comité. Obedece al papel de mediador que éste tenía en la negociación entre los trabajadores de Metro, la dirección y la Comunidad. En torno a esto, la razón de dar un “respiro” a los “usuarios” de Metro se destapaba como una mera excusa para conseguir el verdadero propósito de esta estrategia: recuperar el papel protagonista en el conflicto de cara a la negociación con las autoridades. Creemos, por un lado, que el comité necesitaba demostrar que controlaba el conflicto y, por otro, que estaba sometido a las presiones de la dirección y la Comunidad para que el conflicto no se desbocara en los tajos y en la calle, y se vinculara a la vía negociadora, en la cual el comité era el único protagonista en la representación de los trabajadores. La carta que jugaron en la asamblea del día 30 fue hacer un acto público delante de los medios, demostrando por un lado su control sobre la asamblea y, además, paralizando el conflicto en los tajos y rebajando el nivel de conflictividad que, como más tarde sabríamos, había sido una exigencia de la dirección de Metro y la Comunidad para que se pudieran reabrir las negociaciones. Pero era una jugada arriesgada que por poco no les sale bien, ya que se encontró con la oposición de buena parte de la asamblea. Los miembros del comité tuvieron que hacer alusión, en diferentes momentos, a la imagen que podrían dar los medios de desunión y crispación de la asamblea, para llamar a la “responsabilidad” y el respaldo al comité. Las intervenciones más sangrantes del comité hicieron referencia a la “unidad” de todos en la asamblea. Con esta tan cacareada “unidad” se refieren a la unidad en torno al comité de huelga, al respaldo de la “unidad” sindical del comité, no a la unidad real de los trabajadores en asamblea. Y es sangrante, porque se vio que no había más unidad que la del comité, que la asamblea estaba partida en  dos: los que por su afiliación o simpatía a algún sindicato respaldaban la propuesta del comité, y los que se posicionaron claramente en contra de dicha propuesta y de la forma de llevarla acabo.  Creemos que esta propuesta dinamitó la unidad real de días anteriores de los trabajadores en la asamblea.

Nos gustaría matizar que en el interior de la asamblea hubo desde el principio un choque entre tendencias, con diferentes formas de llevar el conflicto. Por un lado, estaba la representada espontáneamente por muchos trabajadores, que no llegaba a concretarse en nada organizado y separado, pero que se palpaba en las intervenciones, los piquetes y el sentir general. Y por el otro, la tendencia más moderada, que también se palpaba entre los trabajadores, pero resaltaba menos, a pesar de ser muy numerosa, porque solían limitarse a apoyar al comité en sus propuestas, interviniendo sólo en los momentos en los que éste es más cuestionado. El peso de una u otra tendencia fue variando a lo largo del conflicto. Pero en los momentos iniciales de la lucha, ambas tendencias convivieron en unidad, y no es hasta este momento, con la intervención del comité reclamando el apoyo de la tendencia moderada para conseguir la aprobación de su propuesta, cuando se vieron enfrentadas ambas tendencias. Este pulso mantenido dentro de la asamblea por los trabajadores, que acabó ganando el sector más moderado gracias a la estrategia del comité de huelga, tendría, como veremos más adelante, unas consecuencias nefastas para la evolución posterior del conflicto.

Al final, después de agitadas discusiones y de propuestas de los trabajadores, el comité llamó a una votación acelerada, provocada por el nerviosismo que derivaba de la posibilidad de que el clima generado decantara la balanza en su contra. La propuesta se aprobó, haciendo uso el comité de huelga del respaldo en bloque de sus afiliados y simpatizantes en la votación. Tal y como nosotros lo vemos, con ella se pone fin a una etapa del conflicto, la más combativa, en la que la actividad, la determinación y la capacidad organizativa de los trabajadores unidos en asamblea habían puesto contra las cuerdas a la dirección y a la Comunidad, demostrando a las claras el potencial de los trabajadores en lucha.

  • Del 1 al 6 de julio

Durante el jueves 1 y el viernes 2, vuelven los mínimos marcados por la Comunidad. El sábado 3 y el domingo 4 transcurren sin huelga ni asambleas, pero el comité de huelga se sigue reuniendo con la dirección de Metro. La primera reunión, que tiene lugar el jueves, dura sólo 45 minutos, y en ella no se puede hablar prácticamente de nada, pues la dirección tiene una confusión interesada sobre foros, legitimidades e interlocutores. El viernes la dirección exige, como condición previa a la negociación, la desconvocatoria de las huelgas de la semana del 5 de julio, estando dispuesta a volver a reunirse el lunes por la noche o el martes por la mañana. A la vez empiezan a llegar los expedientes disciplinarios por saltarse los mínimos los días 29 y 30. Por último, en cuanto al cumplimiento del convenio, parece que empieza a estar claro que la negociación con la dirección se enmarca dentro de la enmienda del PP de reducir el  2,15% de gasto de personal.

La asistencia de trabajadores a la asamblea general del lunes 5 es notablemente menor que las anteriores. El ambiente tampoco es el de otras asambleas y el desánimo entre los trabajadores es palpable. La propuesta del comité de huelga es “desconvocar los paros para esta semana”, cumpliendo así con la exigencia de la dirección. Como no hay intervenciones de los trabajadores que critiquen la propuesta del comité, ni propuestas alternativas, se aprueba la del comité: no habrá huelga durante esta semana.

El martes día 6 vuelven las negociaciones entre la dirección y el comité de huelga. Estas reuniones serán casi diarias a lo largo de toda la semana.[5]

Reflexiones

Ya habían empezado a llegar los expedientes, y se preveía que el acuerdo final de la negociación rompería el convenio. ¿Dónde está la vuelta a la huelga salvaje a la que se comprometió el comité de huelga como respuesta?

Apenas una semana después de los dos días de huelga salvaje, creemos que son evidentes las consecuencias que provocó la estrategia del comité de poner el freno para dar un “respiro”. La asistencia de trabajadores a la asamblea había disminuido considerablemente, y en aquellos que asistieron era evidente la sensación de confusión y el desánimo. Además vemos que el comité de huelga, lejos de ver esto como un problema y emprender acciones para el cambio de esta situación, aprovechó esta situación para conseguir, sin problemas, la aprobación de su propuesta de “desconvocar los paros para esta semana”. Para nosotros, esto deja a las claras los modos de proceder de las centrales sindicales, los intereses a los que obedecen, y es una muestra del papel que cumplen en el desarrollo de los conflictos.

Según la opinión de algunos de los trabajadores que estaban en los corrillos, y la nuestra también, existían varias  posibilidades para sacar al conflicto de la parálisis a la que lo habían abocado las decisiones del comité, refrendadas en asamblea. Una primera sería volver a convocar concentraciones y manifestaciones. Como hemos comentado al valorar las concentraciones de Vallecas y la de Puerta de Sol, esto había sido de vital importancia para sacar el conflicto a la calle, y aumentaría la presión a la administración. Al mismo tiempo, serviría para establecer una comunicación con el resto de trabajadores de Madrid y ayudaría a recuperar el ánimo perdido en esta semana.

Otra posibilidad sería recuperar la comunicación con otros trabajadores de empresas públicas que estaban afectados por las mismas medidas de recortes (Canal de Isabel II, Telemadrid, servicio de SUMMA…) Esta vía es importante para romper el aislamiento al que se había abocado el conflicto de Metro. Fue tanteada en los comienzos, cuando delegaciones de trabajadores de Metro se pusieron en contacto con los comités de empresa del resto de empresas afectadas por los recortes. Hay que tener en cuenta que los que más fácil tenían esta comunicación eran los propios sindicatos que formaban el comité de huelga, dado que UGT y CCOO tienen secciones sindicales en estas empresas. El porqué de que no lo hicieron nos parece claro: no les interesó.

Y por supuesto, por último, la vuelta a la huelga salvaje, tal y como se acordó en la asamblea del miércoles 30, en la que se ponían dos condiciones ante la posibilidad de acuerdo: “si hay un solo expediente o se toca el convenio colectivo, volvemos a la huelga salvaje”.

  • Lunes 19 de julio: Asamblea general: El acuerdo final

El sábado 17 de julio el comité de huelga, la dirección de Metro y el consorcio llegan a un preacuerdo, al que tan sólo se opone el sindicato Solidaridad Obrera, que no lo firma. Este preacuerdo contiene vulneraciones al convenio colectivo: los salarios se reducen un 1%, se disminuye el número de personas que integran la plantilla, al no cubrirse las bajas vegetativas que se puedan producir en lo que resta del año, y no se respeta el promedio anual de las 200.000 horas de formación regulado en la cláusula 20 del convenio colectivo (como las plantillas son deficitarias no se puede enviar al personal a la escuela de formación). Además, por vez primera en la historia laboral de Metro al cierre de un conflicto con acuerdo entre las partes, no se archivan los expedientes disciplinarios, que “siguen su curso”. La mayoría del comité de huelga firma la paz social en Metro y da la potestad a la Empresa/Consorcio de concluir los expedientes disciplinarios abiertos como más les interese. La empresa da por finalizado el conflicto, exigiendo la desconvocatoria de la huelga para alcanzar el acuerdo.

Sin embargo, según consta en el texto del preacuerdo, éste debe ser ratificado por la asamblea de trabajadores, que lo hace el 19 de julio. Esta asamblea se desarrolla en medio de un gran alboroto. Las protestas y reproches de los trabajadores son constantes. En muchas intervenciones, los trabajadores critican duramente al comité de huelga su debilidad a la hora de aceptar este preacuerdo. Los miembros del comité lo defienden con largas intervenciones, haciendo un uso demagógico del discurso de unidad y respaldo al comité, que algunos trabajadores reciben con gran enfado y griterío. El turno de palabra se extiende más que en todas las anteriores asambleas. Algunas de las intervenciones de trabajadores independientes en contra de la aceptación de este preacuerdo toma cariz de llamamiento desesperado a la coherencia en torno a las consignas que habían fundamentado la lucha desde el principio: “el convenio no se toca” y “ningún trabajador despedido ni sancionado”. Otras critican duramente la deriva por la que el comité ha llevado el conflicto y hacen referencia a la pérdida de posición de fuerza desde la que se ha negociado este preacuerdo, así como de las consecuencias de aceptarlo, abogando por una vuelta a las movilizaciones y las huelgas de cara a septiembre.

Se dan, además, diferentes actitudes de una vileza y suciedad vergonzosa. El comité intenta saturar el turno de palabra con intervenciones de trabajadores afines a los sindicatos que forman el comité, impide la retirada de propuestas para fomentar la división de votos en contra del acuerdo, y miembros de CCOO provocan e insultan a trabajadores disidentes de la postura del comité, llegando incluso a producirse una pequeña reyerta en medio de la asamblea. En la asamblea de la mañana hay irregularidades en la contabilización de votos que hacen dudar del resultado. En la de la tarde, se comenta que hay muchos trabajadores que ya habían votado en la de la mañana, y se acusa a los sindicatos de arrastrar en bloque a su afiliación para conseguir la aprobación del preacuerdo.

Conforme se van dando intervenciones, el ambiente se va caldeando más y más. Los sindicatos firmantes empiezan a temer que, si la asamblea se alarga, se acabe rechazando la propuesta de aceptación del preacuerdo, por lo que, en medio del jaleo, el comité llama a la votación. Finalmente votan 513 a favor de la propuesta planteada por la mayoría del comité de huelga, de ratificar el acuerdo, y 238 en contra. De este modo, se da por ratificado el preacuerdo, y por finalizado el conflicto.

Reflexiones

Con la aprobación del preacuerdo se dinamitaron las dos consignas que habían sido los pilares de la unión real de los trabajadores de Metro; “el convenio no se toca” y “ni un trabajador despedido ni sancionado”. Estas consignas habían sido cacareadas por los miembros del comité hasta la saciedad para conseguir el respaldo de los trabajadores, y su vulneración es una muestra más de la desvergüenza y desfachatez de estos lidercillos, y de los verdaderos intereses a los que obedecen las burocracias sindicales. Es aun más sangrante el uso que estos aliados del poder hacen de los discursos de unidad, que para ellos significa respaldo unánime y sin cuestionamientos al manejo del conflicto por parte del comité.

Lo cierto es que la forma en la que el conflicto evolucionó, debido al manejo del comité y su firma del preacuerdo, tuvo la consecuencia real de provocar la desunión del colectivo de trabajadores de Metro. Como producto del proceder del comité de huelga, y de los sindicatos que apoyaron el preacuerdo, se produjo la división de la asamblea por siglas y partidismos, generalizando el enfrentamiento entre trabajadores. Es de resaltar el abandono, promovido por el comité, de los trabajadores expedientados, muestra máxima de la insolidaridad con la que se manejan.

Al termino de la asamblea, en medio de un ambiente de desánimo generalizado (unos, los que aún recordábamos la fuerza de los días de huelga salvaje, desanimados por identificar el acuerdo final como una derrota, y otros, por verlo como un mal menor) pudimos escuchar un comentario de un tipo de la UGT que hablaba eufórico y a gritos por el móvil: “Hemos ganado, hemos ganado”. Si la UGT había ganado, y con ellos el resto de sindicatos que respaldaban el preacuerdo, queda claro que los que habíamos perdido éramos todos los demás, es decir, todos los trabajadores.

Ésta es, sin duda, la verdadera derrota sufrida por los trabajadores de Metro: que al término del conflicto, éste no sirviera para fomentar la unión y la fuerza de todos en la lucha, sino para todo lo contrario. Y las consecuencias de esta derrota se dilatarán en el tiempo.

– Reflexiones finales

El conflicto de los trabajadores de Metro ha resaltado las potencialidades de un conflicto laboral para romper la normalidad del sistema capitalista, así como las debilidades y contradicciones con las que se expresa nuestra clase. Porque, lo queramos o no, algunos nos vemos sometidos, como proletarios, a las mismas relaciones de clase -da igual si se está o no trabajando- mientras otros se encargan de gestionar y beneficiarse de nuestro dominio y nuestra explotación. Nosotros no estamos orgullosos de ser obreros ni nada por el estilo, pero el capitalismo es como es y uno no elige meterse o no en la lucha de clases, sólo el bando en el que se participa.

Para ir más allá de una simple critica antisindical, y no caer en la facilidad de un obrerismo ciego que ensalce a los trabajadores por el simple hecho de serlo, veíamos necesario hacer un análisis más en profundidad desde una postura de clase.

Para ello, necesitamos enmarcar el conflicto de metro dentro de su contexto histórico. Podríamos decir que la época que nos ha tocado vivir está caracterizada por una crisis de conciencia generalizada. Esta crisis es fruto de la pérdida de memoria, del bagaje histórico de las luchas precedentes, y de la implantación generalizada de la ideología capitalista. El individualismo salvaje y competitivo y el consumo definen en su mayoría las formas de relación entre personas, y entre éstas y la sociedad en su conjunto. Estas formas de relación, como producto que son del capitalismo, son producto de la sociedad capitalista, y se encargan de moldear el tipo de individuo útil para este sistema, generando individuos atomizados, alienados y enfrentados unos a otros, y creando las condiciones necesarias para la supervivencia y reproducción del sistema capitalista. En esta época, las luchas que surgen, como expresiones del conflicto entre clases, están moldeadas por las circunstancias históricas actuales. Así, estos conflictos no surgen en una forma pura, con claridad en su definición, objetivos y formas de lucha, sino de forma contradictoria, con limitaciones propias del momento de evolución de la lucha de clases, y con intoxicaciones de la ideología dominante, la capitalista.

En torno a esto, se necesita un análisis desde una postura de clase y una vinculación al conflicto desde esta postura, que fomente la recuperación de una conciencia dormida, y que constituya una fuerza de unión y antagonismo real.

El conflicto de Metro está enmarcado en la defensa del convenio colectivo que tenía vigencia hasta 2012. Pero estos parámetros nos hablan de las características del momento de la lucha de clases en la actualidad, y en nuestro contexto. Los convenios colectivos son la forma que adopta en la actualidad la defensa de los trabajadores ante la agresividad de la explotación capitalista. Es una forma precaria y viciada por el control sindical que pervierte las posibilidades de una defensa real de nuestros intereses, y que muchas veces sirve para llevar los conflictos por la vía de la negociación colectiva, asegurando la paz social. Y esto es otra muestra de la debilidad de nuestra clase en este momento. El ataque a la negociación colectiva es un paso adelante más de la clase dominante y es un ataque a una conquista de los trabajadores fruto de las luchas precedentes, que hay que enmarcar en el contexto actual en el que empresarios y Estado intentan salir de la crisis a costa de la clase trabajadora.

En este punto creemos necesario resaltar que la huelga de Metro adoleció de diferentes limitaciones que marcaron su evolución y redujeron su potencial.

Los sindicatos y la asamblea

Metro de Madrid es una de las empresas con mayor porcentaje de sindicalización. En nuestra opinión esto, más que ser una causa del conflicto, es una consecuencia de la existencia de una continuidad en la lucha de los trabajadores de Metro desde hace años. Lucha que, por supuesto, se ha expresado a través de los sindicatos, aunque en ocasiones los haya podido desbordar. Esto se traduce en esos altos niveles de afiliación y en que los sindicatos aún mantengan un cierto prestigio entre muchos trabajadores. Aunque seguramente, como en otros casos de grandes empresas públicas que conocemos, muchos estarán afiliados sólo por los beneficios que conlleva aunque no se traguen el rollo sindical o tengan conciencia de lucha alguna. Dicho de otra forma, no es la alta sindicalización la que lleva a la lucha en Metro, sino la conciencia de lucha de sus trabajadores lo que hace que aún se mantengan esas altas tasas de afiliación.

Creemos que esto se ve claramente en los primeros momentos del conflicto, en los que son los militantes de base de los sindicatos, y otros trabajadores, los que pasan por encima de las propuestas de los representantes de sus sindicatos. Por supuesto, a riesgo de ser completamente sobrepasados, éstos no tienen otra alternativa que intentar ponerse a la cabeza de esa lucha, esperando, o maniobrando, hasta que se temple el ímpetu inicial.

Sin embargo, si bien esa conciencia de lucha facilita y promueve inicialmente el conflicto, incluido el saltarse los mínimos, el hecho de que se exprese a través de formas sindicales, unido a la cultura capitalista de la necesidad de mediación y delegación de las responsabilidades políticas, tuvo consecuencias importantes para el desarrollo de esa misma lucha.

Esta dependencia de los trabajadores con respecto a las centrales sindicales definió la forma de organización de la asamblea, en torno a un comité de huelga directivo, formado por representantes de todos los sindicatos con afiliación en metro. Esta forma de asamblea jerárquica otorgaba a los sindicatos un gran poder de gestión del conflicto, así como limitaba las posibilidades de los trabajadores de contrarrestar las decisiones del comité y afectar en la evolución de la lucha. Esto se pudo ver con claridad en las asambleas, en las que posturas muy coherentes contrarias a la estrategia del comité, planteadas por trabajadores individuales, caían en saco roto. Progresivamente la asamblea dejó de ser la expresión de un conflicto vivo -en la que se propone, se discute y se masca la lucha, para convertirse en un organismo que se limita a rechazar o refrendar las propuestas del comité. Es decir, se convirtió en un puro trámite formal, sujeto a todas las viejas tretas por parte de los sindicalistas (copar los turnos de palabra finales, discursos interminables, apelaciones a lo emocional, etc.) Cuando pierde su contenido de lucha, de iniciativa, de decisión y de autonomía: de tomar la lucha en sus manos, la asamblea se queda en una pura forma vacía, sin vida ni interés. El día 30, en el que en nuestra opinión la lucha sufre el parón que la rompe, fue el último en el que asistimos a ese tipo de asamblea. A partir de ahí, el ambiente fue decayendo tanto en asistencia como en vitalidad.

Esta rigidez y jerarquización de la asamblea favorece la centralización del poder en torno a los sindicatos y, con ella, la manipulación del conflicto según los intereses de estas organizaciones y de la administración, que tiene la comodidad de negociar siempre con estructuras dependientes de la financiación del Estado. Aquí se muestra con toda claridad el verdadero papel de los sindicatos que, como organizaciones que representan a la fuerza de trabajo dentro de la relación capitalista, canalizan el conflicto hacia la negociación, limitando las posibilidades de distorsión social y cambio real, mediatizando las protestas de los trabajadores. Todo ello, con la finalidad de asegurar la paz social.

A pesar del peso de los sindicatos a lo largo del conflicto, hubo momentos en los que el control sindical se vio desbordado, que no superado, por la actuación de los trabajadores, y la lucha tomó aspectos de radicalidad. Nos referimos a los momentos iniciales que desembocaron en los dos días de huelga salvaje en los que tras el anuncio del Gobierno central de las medidas del plan de ajuste, los trabajadores empiezan a organizarse por asambleas de sección, que por su forma son más proclives a la horizontalidad. Esta forma de organización se perdió cuando se centralizaron las decisiones en una asamblea general y al mando de ésta se colocó un comité de huelga formado por representantes de los sindicatos existentes en Metro. Esta práctica asamblearia desde abajo fue asumible por los trabajadores en un momento de la lucha, y fomentar la vuelta a este tipo de organización en asambleas de sección, promoviendo la elección de delegados revocables, que hicieran de portavoces en una asamblea general de coordinación, habría sido una práctica tendente a radicalizar la lucha que contrarrestaría el control sindical.

Por último, hay que tener en cuenta que dentro del mismo conflicto también hay una lucha de tendencias e intereses, que tienen su propia dinámica, y la fuerza de una u otra va cambiando según las circunstancias del momento de lucha. No todos los trabajadores de la asamblea eran pro-comité sindical, ni tampoco por ser trabajadores se está en disposición de autoorganizarse y emplear la acción directa. Esto no significa que exista un grupo de “incontrolados” y un grupo de “sindicalistas” sino dos posiciones más o menos difusas entre las que se va moviendo la gente. Concretamente, nosotr@s vimos cómo algunos trabajadores que salieron de la asamblea del día 30 diciéndose “traicionados”, votaron a favor del preacuerdo en la última asamblea.

Extensión

Otro de los puntos que creemos que merece la pena destacar es la incapacidad del conflicto de extenderse más allá de Metro. A día de hoy, nos parece cada vez más claro que extender cualquier conflicto laboral más allá de los centros de trabajo concretos es fundamental para aumentar sus posibilidades de éxito, por no hablar de la urgente necesidad que tenemos los proletarios de crear lazos solidarios entre nosotros. Esta extensión se debería haber hecho en dos direcciones. La primera y más obvia era tratar de contactar e implicar a otros trabajadores del sector público de la Comunidad de Madrid afectados por la medida: Telemadrid, Canal de Isabel II, etc. Además de juntar fuerzas y abrir otros frentes de lucha, habría podido diluir un poco el acoso y derribo sobre los trabajadores de Metro.

En este sentido hay que decir que plantear el conflicto casi exclusivamente en torno al convenio de Metro no ayudaba a hacer que otros trabajadores en la misma situación se sintiesen reconocidos en esa lucha. Que los sindicatos mayoritarios no hiciesen ningún intento real por extender y coordinar una lucha más amplia contra el recorte del 5% es una muestra más de que sus intereses poco tienen que ver con los de los trabajadores. En Telemadrid, por ejemplo, que además es el brazo armado mediático de la Comunidad, los sindicatos también tienen bastante tirón -más de una vez han dejado en negro la emisora- así que el aislamiento sólo se entiende como parte de la estrategia sindical.

Ahora bien, la cosa no se queda ahí. Hasta donde sabemos, tampoco trabajadores de una u otra empresa trataron de ponerse en contacto real unos con otros, más allá de algunas breves notas de solidaridad. Quizás el ejemplo más sangrante fue la concentración del día 24 en la que un grupo de trabajadores de SUMMA, no comparable al de Metro, desde luego, se manifestaba al lado de la concentración de los trabajadores de Metro. Que no se produjese ningún acercamiento, ni que se buscase que estos trabajadores se integrasen en la otra concentración dice mucho de las debilidades actuales de las luchas.

La otra dirección en la que se debería haber buscado la extensión habría sido la de buscar apoyos en el resto de trabajadores, parados, etc., afectados no por las medidas concretas, sino por la situación actual en general. Como hemos comentado, quizás la forma más adecuada habría sido a través de concentraciones y movilizaciones solidarias. Como se demostró el 24 y el 28, éstas, además de ser una medida más de presión, crean piña en el colectivo y permiten romper el aislamiento mediático en los dos sentidos, permitiendo, a la vez, la comunicación real con otros trabajadores y las muestras de solidaridad.

Que ni una ni otra cosa se considerase prioritaria es, en nuestra opinión, una muestra más de la debilidad con la que se expresa actualmente la lucha de clases.

  • Solidaridad Obrera

Es necesario hacer una mención aparte sobre el sindicato Solidaridad Obrera. A lo largo del texto, la generalización a la hora de hablar sobre la actitud del comité nos ha servido para exponer las contradicciones con las que se mueve esta estructura dentro del conflicto. Pero esta simplificación, aparte de no ser del todo honesta con la realidad, siempre más compleja, es claramente injusta con Solidaridad Obrera. Esta organización practica una forma de anarcosindicalismo que, a pesar de tener sus contradicciones, no puede ser metido en el mismo saco que el sindicalismo practicado por los sindicatos mayoritarios. Sin embargo, la participación de la “Soli” en el comité de huelga tiene puntos oscuros que es necesario clarificar. Algunos de ellos, pensamos nosotros, propios de una estructura sindical minoritaria, que como todas, tiene necesidad de representación y de crecimiento. Así, la “Soli” quedó por momentos atrapada en el discurso de unidad sindical del comité, sin valorar cómo afectaban las decisiones del comité a la unidad real de los trabajadores, y mantuvo esa unidad sindical mucho más allá de lo que, para nosotros, habría sido deseable. Solidaridad Obrera sólo rompe la beatificada unidad sindical del comité en la asamblea en la que se presenta el preacuerdo, que este sindicato no ratifica. Pero se intuía, y el comité sabía, que la negociación quedaba enmarcada dentro de la enmienda del PP desde semanas antes, significando esto que se rompía el convenio colectivo. Tampoco la “Soli” fue clara respecto al tema de los expedientes, que quedaban abiertos, sin que se diera una explicación, y tampoco la dio ni antes ni en el momento de desmarcarse del resto de sindicatos. Estas y otras actitudes obedecen a que Solidaridad Obrera, como estructura sindical, acaba desenvolviéndose dentro del juego de intereses del conflicto. Es una estrategia con la que nosotros discrepamos, que debe de ser cuestionada y reflexionada abiertamente para conseguir una  práctica saludable.

Dicho esto, no queremos obviar tampoco el importante papel que desempeñó Solidaridad Obrera para que pudiera existir una conexión entre los grupos de apoyo externo y los trabajadores de Metro. Fue este sindicato el que llamó a una asamblea de coordinación de grupos que querían solidarizarse de forma activa con el conflicto, formalizando así una estructura de colaboración y generando un vínculo con los trabajadores sin el cual nuestra entrada al conflicto habría sido mucho más difícil, o incluso ni se habría producido. Gracias a estos compañeros pudimos entrar en muchas asambleas en las que la empresa había restringido el paso (con seguratas pidiendo tarjetas identificativas), conocimos y entablamos comunicación con muchos trabajadores, y accedimos a información de la empresa y del conflicto que de otra manera no nos habría sido fácil conocer. Por tanto, queremos agradecer el interés y la dedicación con que muchos compañeros de Solidaridad Obrera se relacionaron con nosotros aquellos días, y aprovechar estas líneas para mandarles un sincero abrazo. Esperamos que aquellos días, y este texto, hayan servido para fomentar una conexión, tanto teórica como práctica, que pueda seguir dando frutos en conflictos futuros.

  • ¿Y nosotros qué?

Ninguno de los miembros de Ruptura trabajamos o hemos trabajado alguna vez en Metro. Sin embargo, como tantos otros compañeros, intentamos participar en la medida de nuestras posibilidades en este conflicto, a través de las diferentes asambleas y reuniones de solidarios que surgieron en esos días. Aportamos lo poco que pudimos yendo a los piquetes, repartiendo panfletos, asistiendo a las asambleas, etc. Nuestra participación en éste y en otros conflictos, así como los planteamientos y posiciones que vimos en algunos compañeros y solidarios, nos han hecho reflexionar bastante sobre nuestra participación, tanto a nivel de Ruptura como de movimiento, en los conflictos en general y los laborales en particular. Sin embargo, es evidente que después de este artículo este número no da para más, así que hemos preferido dejarlo para el número siguiente. El que se puedan escribir dos artículos diferentes, uno analizando el transcurso del conflicto y otro analizando la participación por parte de los “movimientos sociales” en él, indica claramente las limitaciones de esta última.

De todas formas, y aprovechando lo vivido en la huelga de Metro, en dicho artículo trataremos de plantear unas cuantas reflexiones, muchas dudas y algunas certezas sobre nuestro papel en los conflictos en los que participamos. Por ejemplo, cuáles deberían ser los objetivos de nuestra participación, cuáles los medios a utilizar, qué entendemos y qué no entendemos por radicalizar un conflicto, los problemas y contradicciones que nos encontramos al relacionarnos con los afectados, y cómo nuestra incapacidad de asumir las tensiones y las contradicciones de los conflictos reales muchas veces nos llevan a oscilar entre el vanguardismo y el seguidismo.


[2]Puedes encontrar este panfleto en el Contramarcha nº 52 y la versión web de este artículo en www.klinamen.org/ruptura
[3] Entre las enmiendas del PP al Decreto, las únicas que podrán ser aprobadas, la nº 1 relativa a Metro dice así: “Con la misma finalidad expuesta en el apartado 2 anterior, la empresa pública Metro de Madrid SA. aplicará una reducción a cuenta del 5 por ciento de cada uno de los conceptos salariales recibidos por su personal, hasta que, en su caso, y mediante negociación colectiva, se adopten las medidas que permitan otra fórmula de minoración alternativa que, necesariamente, deberá suponer una reducción de, al menos, un 2,15 por ciento del Presupuesto de Gastos de Personal de la empresa para el año 2010”.
[4] Ver ContraMarcha  #52
[5] Para un seguimiento del contenido de las negociaciones ver el periodico Contramarcha, pagina 9 y posteriores.( http://solidaridadobrera.org/downloads/Contramarchas/Contramarcha_52.pdf)
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