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Se demuestra andando. Algunas reflexiones sobre Madrid a propósito de Atenas…

In número 5 on 2 abril, 2010 at 6:10 pm

“Transformar las derrotas en victorias sólo es posible sobre el papel; es mejor reconocerse temporalmente derrotado si lo que se ambiciona es no seguir estándolo”

1. Introducción

Hace aproximadamente un año, Alexis Grigoropoulos, de 16 años, fue asesinado por la policía en Atenas, Grecia. La rotunda respuesta de los anarquistas griegos acabó extendiéndose más allá de los límites del movimiento anarquista, dando lugar a una revuelta que duró casi un mes, y en la que se produjeron disturbios, ocupaciones de edificios públicos, asambleas políticas en las facultades pero también de barrio, etc. Durante el tiempo que duró la revuelta griega, tuvieron lugar diferentes actos de solidaridad por numerosas ciudades del mundo. No nos detendremos a contar o analizar lo sucedido en Atenas, eso corresponde a lxs compañerxs de allí. Lo que creemos necesario es repasar lo sucedido en Madrid las semanas posteriores al asesinato de Alexis, ya que son un buen reflejo de la situación del “movimiento” madrileño. Una vez más se ha vuelto a demostrar todo el potencial que tenemos, pero también todas nuestras carencias. La principal premisa de este artículo es que difícilmente podemos hablar de un “movimiento” anarquista, libertario o anticapitalista en Madrid. Quizás sería mejor hablar de un “espectro” libertario en el doble sentido de una amplia diversidad de posturas pero, sobre todo, de un fantasmal conjunto de individuos, colectivos, asambleas y okupas que nunca llega a tomar cuerpo. Esta falta de movimiento real es una de las principales causas de muchos de los problemas que se generaron esas semanas, aunque seguramente no sea la única. Creemos que si algo demuestra realmente la falta total de un movimiento en Madrid, es que no se haya hecho ningún tipo de autocrítica pública, colectiva o individual, por parte de los colectivos y personas que participaron en la asamblea de solidarios con Grecia, ni en las semanas posteriores, ni hasta ahora.

Analizar cuáles son sus causas y cómo se manifiestan, es el primer paso para que entre todxs construyamos en un futuro algo que se parezca mínimamente a un movimiento digno de merecer ese nombre. Este artículo trata de ser una primera piedra.

2. Madrid no es Atenas

Quizás nada haga más evidente la falta de movimiento en Madrid que comparar nuestra situación con la de Grecia. Es necesario contextualizar lo que ocurrió en Atenas y lo que ocurrió en Madrid para ver lo lejos que estamos de ver una revuelta semejante en nuestra ciudad, pero sobre todo, para darnos cuenta de que lo que ocurrió en Grecia es consecuencia de un proceso colectivo de varios años que no se ha dado aquí y que, por tanto, pretender comparar ambas situaciones simplemente en base a criterios económicos o sociales es tremendamente inocente.

Por lo que nos llega de Grecia, el movimiento tiene mucha más experiencia de la que tenemos aquí, entre otras cosas porque allí no se produce una fractura generacional tan marcada como la nuestra. Esta diferencia es bastante significativa. En las revueltas de diciembre ha confluido a la vez la experiencia de gente que formó parte del movimiento de estudiantes del 90-91, con las ganas y la rabia de muchos jóvenes de la edad de Alexis, y con gente recién llegada al movimiento anarquista, aprendiendo unxs de otrxs. Aunque ambas situaciones tuvieran causas similares (en los 90 los disturbios comenzaron a raíz de la muerte de un profesor que se unió a las reivindicaciones de los estudiantes, y ahora por la muerte de un adolescente) durante los 18 años que las separan ha tenido lugar una evolución que se ha manifestado no sólo en la extensión del movimiento, sino en su fuerza y contundencia: las consignas de los 90 de atacar comisarías se han traducido en hechos en 2009[1].

No entraremos en las causas, pero es evidente que esto no ocurre en Madrid. Aquí los movimientos han ido naciendo y muriendo durante estos años. No ha habido una continuidad real en la lucha. Prácticamente las generaciones anteriores se han ido diluyendo, lo que hace imposible que transmitan sus experiencias en primera persona. Esto no significa que todxs ellxs hayan dejado de “hacer cosas”, pero sí que muchxs han abandonado el “espectro” del que hablábamos, quemadxs por su superficialidad, en busca de “cosas reales”. Esto, sin duda, reproduce la propia “irrealidad” del “espectro”. Es imposible que haya una evolución si cada movimiento ha muerto según ha nacido. No hemos conseguido crear unas estructuras, espacios y formas organizativas duraderas que permitan esa continuidad.

La mayor presencia y continuidad de un movimiento anarquista también se traduce en el mayor apoyo social que tienen en Grecia. Por pequeño que este pueda ser, siempre será mayor que el que tenemos aquí, si es que tenemos alguno. No es sólo una cuestión de apoyo, sino de visibilidad. Lxs anarquistas griegxs han conseguido tener una presencia social: “existen”, independientemente de que la gente les apoye o no. No existe nada comparable en Madrid en términos reales, por mucho que a veces “antisistema”, “okupas” o “antifas” salgan en alguna portada que otra. La falta de seriedad y de un enfoque hacia fuera del gueto dificulta el éxito de cualquier tipo de lucha que queramos llevar a cabo.

Este es el resultado de la influencia que han tenido las acciones y las ideas anarquistas en la sociedad griega los últimos años. Sin embargo, nosotrxs pocas influencias hemos conseguido en nuestra sociedad. No hemos tenido ese flujo constante de ideas durante años, ni la participación en conflictos y movilizaciones que se salgan de los estereotipos del gueto ( okupación, presos, represión, antifascismo, etc.) Salvando las distancias, un buen ejemplo de la importancia de la continuidad han sido las movilizaciones a raíz de la muerte de Carlos Palomino a manos de un nazi. Durante los dos años que se han prolongado hasta el juicio, el número de asistentes a las manifestaciones en recuerdo de Carlos ha ido en aumento: desde las primeras el día de su asesinato o a la semana siguiente en Sol, a la del aniversario y la última en Pza. Elíptica antes del juicio. Otro buen ejemplo ha sido la lucha contra los centros de menores cerrados, en la que un esfuerzo constante durante dos años ha tenido unos resultados notables: cierres de centros de menores, repercusión social, dimisiones, etc. Por criticables que puedan ser ambas luchas en otros aspectos, han demostrado que el trabajo continuo y constante es una condición imprescindible para llegar a cualquier parte.

A todo esto hay que sumar que, en los últimos 20 años, en Grecia se han ido sucediendo una serie de luchas, principalmente estudiantiles, que han conseguido parar diferentes reformas gubernamentales, lo que seguramente haya creado una conciencia de que a través de la lucha se puede conseguir parar unas reformas[2]. Sin embargo, en España, desde la OTAN, nos han colado todo lo que han querido: las reformas estudiantiles y laborales, el nuevo código penal, proyectos desarrollistas o la guerra de Irak son algunos ejemplos en los que diferentes grados de movilización han conseguido, como mucho, maquillar algo el resultado, pero casi nunca echar para atrás el proyecto inicial.

Una impresión general es que Grecia comparte muchos rasgos de la España de hace unos cuantos años, no en términos de movimiento político, sino de “vida social”. Mientras que el Estado español ha llevado a cabo una política sistemática de limpieza de cara de la policía, no parece que algo similar se haya conseguido en Grecia, donde la policía aún mantiene en gran parte esa imagen de fuerza represora. En algunos aspectos la vida de barrio es mucho más rica, tal y como la recordamos hace años. De hecho, lxs anarquistas han sabido aprovecharse y potenciar esta situación a través de charlas y actos en espacios públicos como plazas, universidades, etc.

Por supuesto, también hay algunas diferencias que han facilitado la creación de un movimiento anarquista fuerte y, por tanto, el desarrollo de los acontecimientos de diciembre. Por un lado, las movilizaciones estudiantiles siguen siendo vistas con buenos ojos, ya que fueron el detonante de la caída de la dictadura de los coroneles que gobernó el país entre 1967 y 1974. Dichas movilizaciones tuvieron como punto álgido la entrada de los tanques en el politécnico el 17 de noviembre de 1973, donde murieron al menos 24 personas. Por este motivo, las facultades son “santuarios” en los que la policía no puede entrar[3], y que durante diciembre se convirtieron en puntos de encuentro y propagación de la revuelta. Por último, pero no menos importante, hasta hace pocos años Grecia ni siquiera contaba con legislación antiterrorista (se instauró para las olimpiadas del 2004), ni con una fuerte organización armada como ETA, respaldada por un no menos fuerte movimiento social, con todas las consecuencias penales, policiales, políticas y mediáticas que ha tenido para el resto de movimientos de la península.

Finalmente, durante los meses precedentes a la revuelta de diciembre de 2008 se produjeron numerosos conflictos: huelgas de hambre de presos, contra las privatizaciones, paradxs, luchas de inmigrantes, etc. Las movilizaciones de diciembre también son consecuencia de estas luchas que ya había de antes y que acabaron confluyendo en las calles a raíz de la muerte de Alexis.

3. Convocatoria

En Madrid los acontecimientos se sucedieron rápidamente. El sábado 6 de diciembre asesinan a Alexis, entre el domingo y el lunes empezamos a ver por las noticias que los disturbios en Grecia se extienden… El martes 9 se forma una asamblea que convoca una concentración solidaria para el día siguiente, miércoles 10 de diciembre. Esto demuestra que realmente existía un interés por hacer algo, por demostrar nuestra solidaridad con lo que estaba pasando en Grecia. De hecho, esta urgencia llevó a que incluso se convocase alguna concentración fantasma a través de internet. Esta rápida respuesta demuestra que somos capaces de reaccionar con bastante urgencia para juntarnos en un primer momento.

Previendo un gran control policial, como venía siendo habitual en Madrid en anteriores concentraciones ilegales, seguramente ésta se planteó como una concentración tranquila, que evitase el enfrentamiento y que como mucho tratase de rondar por la zona, llamando la atención y repartiendo panfletos, es decir, tratando de visibilizar lo que estaba ocurriendo en Grecia por el centro de Madrid, colapsado unas semanas antes de Navidad.

La concentración fue relativamente numerosa para haber sido convocada con tan poco tiempo y medios. Frente a lo que se esperaba, la policía dejó hacer. La concentración no fue impedida; la manifestación pudo salir y recorrer la zona. Cuando al ir por Gran Vía se ve a los maderos subir desde Cibeles, la manifestación gira en Montera y acaba frente a la comisaría.

Viendo cómo acabó la cosa, pudo haberse pecado de falta de previsión. De no haber pasado por Montera, las cosas podrían haber sido diferentes, pero nadie puede asegurar que no se hubiese liado. Desde luego lo que ocurrió era difícil de prever, pero se podría haber supuesto algo parecido y haber puesto los medios para afrontarlo.

En algunos ambientes está muy extendido algo así como un culto a la espontaneidad. Sin embargo, la espontaneidad no tiene ningún valor en sí misma, como tampoco lo tiene la organización. No se trata de oponer espontaneidad a “control total”; se trata de que los posibles actos espontáneos se den dentro de una organización preparada para afrontar estos imprevistos. El problema de la espontaneidad es que muchas veces no valora las consecuencias de los actos, pero puede ser tremendamente efectiva cuando hay una preparación previa, seriedad, ganas, experiencia y saber hacer. Igualmente, es irreal pretender controlar todos los factores de una manifestación o concentración, pero tras plantearnos un objetivo y cómo cumplirlo, se debería hacer un balance de sus posibles imprevistos.

No podemos acabar sin mencionar ciertas prácticas de los medios de contrainformación que dejos de ayudar a la lucha, pueden acarrear serios problemas para la seguridad e integridad de  los compañeros. Cuando se ponen la espectacularidad, la fotito y el inmediatismo del minuto y resultado por encima de la seguridad de los demás, se está más cerca del periodista que del compañerx.

4. ¿Solidaridad con Grecia o con los detenidxs?

Es verdad que muchxs nos ilusionamos y hasta llegamos a montarnos nuestra propia película al ver a tanta gente junta dispuesta a estar en la calle. Muchxs vimos la asamblea como un espacio de solidaridad con Grecia y no sólo como una asamblea en solidaridad con lxs detenidxs en Montera. A toro pasado, creemos que el desarrollo de los acontecimientos demostró que para la mayoría de la gente no era así, que para muchxs era sobre todo una asamblea de solidaridad con lxs compañerxs, colegas y amigxs que habían sido detenidxs. Seguramente, incluso aquellxs para quienes ésta no era su prioridad acabaron enredados por la vorágine antirrepresiva. No hay que confundirse. Esto mismo lo llevamos viviendo durante muchos años en Madrid cada vez que hay detenidxs. Nos juntamos gente que llevamos mucho tiempo sin hacer nada en común o que incluso no nos conocemos. En un principio parece muy bonito y hasta nos emocionamos, pero no hay que perder el norte. Por muchas ganas que haya por parte de todo el mundo, la verdad es que al final casi siempre se queda en un objetivo muy concreto: liberar a lxs detenidxs. Aunque cada vez sea en un contexto diferente: esta vez ha sido Grecia, años anteriores fueron desalojos, golpes represivos… y nos volverá a pasar en otras situaciones.

En general las detenciones acaban paralizando los conflictos, desviando todos nuestros esfuerzos a conseguir sacar a lxs detenidxs. Si realmente queremos llegar a algún lado, no podemos dejar que esto ocurra tan fácilmente. La represión no se puede esquivar, sólo se puede afrontar con mayor o menor eficacia. Si reculamos cada vez que detengan a alguien, los conflictos van a durar bien poco, y de hecho esta es una estrategia bastante común por parte de la policía. Como anticapitalistas, debemos asumir dónde nos estamos metiendo y los riesgos y consecuencias que conlleva. Es más, tendremos que asumir que, a pesar de estar detenidxs, muchas veces la lucha debe seguir adelante. Esto no significa que debamos dejar de lado a nuestros detenidxs, o que las luchas estén por encima de las personas, sino que, aun teniéndolos en cuenta, no podemos permitir que las luchas se agoten al primer golpe. Si no asumimos que en ocasiones hay que seguir la lucha a pesar de los detenidos, estamos condenados al eterno fracaso. Los trabajadores de la huelga de metro no la abandonaron cuando se produjeron los despidos y las sanciones; añadieron una reivindicación más a su tabla. Las decenas de detenciones en Grecia tampoco pararon los sucesos de diciembre.

Cosas como acabar centrándonos en la represión pasan porque, por muy buenas intenciones que tengamos, no hemos llevado a cabo un trabajo de base. Es imposible que surja algo continuo y organizado a partir de un hecho tan concreto; eso tiene que ser un trabajo paulatino en el día a día, para que cuando nos enfrentemos a un problema así no tengamos que empezar desde cero. No creemos que la mayoría nos movamos por el simple egoísmo de liberar a nuestrxs amigxs, es más, creemos que realmente sentimos la necesidad del apoyo mutuo y, de hecho, nos movemos cuando algo merece la pena… el problema es que no hemos conseguido crear algo que merezca la pena, así que todo acaba limitándose a lo más inmediato y tangible: sacar a lxs detenidxs. Seguramente ésta sea la base de muchos de los problemas que surgieron, como la falta de organización, llegar tarde y a trompicones a todo, dejar demasiado la asamblea en manos de abogados y familiares, los problemas que hubo en las jornadas y la última manifestación, que no llegó a realizarse.

5. Dinámica de las asambleas

A pesar de la rapidez de la convocatoria, merece la pena destacar lo mucho que a veces nos cuesta concretar las cosas que hacer. Entendemos que, en estos casos, las asambleas son heterogéneas, que la gente no se conoce, que todxs tenemos dudas sobre cuál es la mejor opción a seguir, pero creemos que es necesario hacer un esfuerzo por tratar de sacar las cosas adelante con el mínimo desgaste posible. En situaciones así siempre hay cuestiones que son prioritarias y otras que pueden dejarse para más tarde, y hay que saber dejar claro cuáles son cada una. Igualmente, en estos casos es necesario que todxs pongamos de nuestra parte para llegar juntxs a algún lado. Aunque todxs tengamos nuestras ideas y perspectivas distintas, muchas veces sabemos lo suficiente del de enfrente para saber hasta dónde puede ceder, y por tanto hasta dónde tenemos que ceder nosotrxs. De esta forma nos evitaríamos las interminables asambleas que giran en círculos en torno a nada concreto.

Algo positivo que queremos destacar son las ganas y la ilusión de la gente, que se puso manos a la obra y se organizó muy rápidamente en comisiones, de las que surgieron numerosas ideas.

Se nota que tenemos experiencia en hacer primeras asambleas, el problema es cuando viene la segunda y tercera, si es que hay. Parece ya algo rutinario: ocurre algo y sabemos que hay que organizar una asamblea; detienen a compañeros y en muy poco tiempo ya estamos organizados para sacarlos. Pero es algo tan básico que no podemos darnos una palmadita en la espalda. Esto demuestra que tenemos la lección bien aprendida: horizontalidad, asamblearismo, apoyo mutuo… Modos de hacer las cosas que tenemos bien asumidos, que entendemos como propios. Hay cosas que de tanto repetirlas las tenemos dominadas, como montar conciertos, reaccionar ante detenciones, etc. Sin embargo, otras como comunicarnos hacia fuera del gueto no las manejamos tan bien. Esto puede explicar la diferencia de cantidad gente que se implicó en cada comisión.

En líneas generales, las tres comisiones funcionaron bastante bien, aunque es posible que no le diéramos la importancia suficiente a la de propaganda, en la que quizás no nos implicamos la gente necesaria. Sin embargo esto no es excusa para algunos de los errores cometidos. El mayor de ellos quizás fue que volcamos demasiados esfuerzos en la publicación del periódico y la página web, dejando de lado la edición de panfletos y otros medios de propaganda con un efecto más inmediato. Aún así, creemos que la idea de editar un periódico, sacada de las movilizaciones de los trabajadores del TMB, fue un buen intento de superar el limitado espacio de un panfleto, así como de llegar más allá de nuestros círculos. Igualmente, la página web fue una manera acertada de unificar las convocatorias e información  de la asamblea.

Hay que destacar el curro que se pegaron tanto la comisión pro-presos como la del concierto para que todo saliese bien. Los detenidos tuvieron todo el apoyo necesario mientras estuvieron dentro y se consiguió bastante dinero para cubrir los futuros gastos judiciales.

Algo que a muchxs nos pareció significativo de la dinámica de las asambleas fue la escasa repercusión de las jornadas que se montaron el sábado 20 de diciembre. Ese fin de semana se había convocado una jornada internacional de solidaridad con Grecia, para lo cual se decidió convocar una concentración en la plaza de Callao, que complementase la manifestación por la liberación de los detenidos del día 27. Finalmente y al no obtener el permiso para la concentración, se decide suspenderla para no perjudicar a los detenidos en caso de ésta derivase en enfrentamientos.[4] Las jornadas que surgieron como una manera de mantener la actividad, de que la gente se encontrase fuera de la asamblea para charlar sobre diferentes temas que habían ido surgiendo durante su transcurso o qué estaban en la mente de muchxs: represión, contrainformación, cómo era la situación en Grecia antes de las revueltas, cómo afrontar la alarma social, etc. Ya en el momento se vio que las jornadas fueron un fracaso y, para muchxs, una primera desilusión. Desde luego, quizás la principal culpa fue de los que nos ilusionamos con lo que estaba pasando, pero a algunxs nos costó entender cómo unas jornadas aceptadas en una asamblea en la que habría como mínimo cien personas, tuvieron un máximo de asistencia de 50-70 personas (la primera de la mañana no llegó ni a 20), muchxs de los cuales no pertenecían a la asamblea.

Nos gustaría acabar esta parte haciendo una mención especial a todxs aquellos que se pegaron el curro para sacar la pasta necesaria para los detenidos y que, encima, fueron calumniados por ello, tanto al grupo como al que se comió el marrón de guardar la pasta. El tema de los conciertos también es algo que nos lleva pasando durante años, no sabemos cuidar a nuestra propia gente. ¿Qué es eso de “aquí todxs curramos gratis”? No se puede comparar el tiempo y el curro que invierte una gente en organizar un concierto y hacer un turno de barra con los años de trabajo y dedicación que requiere crear un grupo de música. Sin olvidarnos de la parte económica: el dineral que se dejan los grupos en su mantenimiento, desde instrumentos hasta alquileres de locales de ensayo… porque sí, los grupos necesitan ensayar… y varios días por semana, a ser posible. Entre nuestros compañeros, no sabemos de ningún grupo que viva de la música, pero a pesar de los gastos que tienen, nunca somos capaces ni de reconocer su mérito ni de darles lo básico para que puedan mantenerse y que no tengan que ir desapareciendo, como muchxs a los que no les ha quedado más remedio que quedarse por el camino. Tampoco podemos olvidar una cosa: se puede criticar que sea nuestra única forma de sacar pasta rápida, pero tenemos que reconocer, por mucho que no nos guste, que la mayoría de la gente no va a un concierto por solidaridad con la causa que lo convoca, sino a ver a un grupo que les gusta. Y, lo queramos o no, hay grupos que mueven a mucha gente y gracias a los cuales podemos financiar muchos proyectos y luchas. Al fin y al cabo, vemos a los músicos como algo que se utiliza; llegamos incluso a pensar que les estamos haciendo un favor, y no somos capaces de reconocer su curro y lo que nos aportan.

6. La manifestación del día 27

Uno de los problemas que no sabemos cómo manejar del todo es nuestra relación con familiares y abogados. Si de verdad pretendemos ser un movimiento real, los familiares deberían tener un papel en las asambleas mucho más definido, y desde luego no una mayor importancia que el resto de compañerxs, ni tampoco su palabra tener más valor que cualquier otra. Es totalmente normal que los familiares hagan todo lo posible por liberar a los suyos, y nosotros lo aplaudimos. No decimos que haya que cerrarles las puertas de las asambleas, pero si un familiar decide ir a una tendrá que asumir que va como unx más. Tampoco podemos colocarles el marrón de legalizar las convocatorias u otras responsabilidades jurídicas, o aceptar que se hagan cargo por su cuenta, ya que aparte de ser una demostración de incapacidad propia, dejamos en sus manos las decisiones de una asamblea que, la mayoría de las veces, les será ajena.

Tampoco podemos dejarnos llevar exclusivamente por los consejos de lxs abogadxs. El papel de los abogados es muy importante; nosotros no creemos en los mártires y por eso vemos necesario que haya compañerxs que defiendan nuestros intereses en un juicio. Además de nuestra libertad, que valoramos mucho, creemos que hacemos más daño en la calle que en el talego, pero estas consideraciones individuales no se pueden trasladar a una asamblea. El papel de un abogado debe ser defender ante todo los intereses de su defendidx, y su opinión debe ser muy tenida en cuenta en la asamblea, pero no puede tener la última palabra, ni deben sus argumentos ser los que más pesen en la decisión final.

Resumiendo, si la campaña de solidaridad se quiere llevar a través de familiares y abogados, no hace falta convocar asambleas de cien personas: quedan el abogado y los familiares, y deciden lo que hacer. Seguramente, el que se produzca una mezcla de ambas situaciones es otra consecuencia de la ausencia de un movimiento. Nos juntamos cien pero acabamos dando más peso a familiares y abogados, mostrando nuestra incapacidad dentro de una enorme potencialidad. Deberíamos tener claro que, como detenidos, lo último que queremos es que nuestros familiares marquen las directrices de la asamblea (¿nuestras madres de jefas de una asamblea? Lo mismo nos mandan recoger la celda…), porque no están acostumbrados, tienen otros objetivos, etc. Cuando nos implicamos en cualquier lucha no son nuestros familiares sino nuestros compañerxs los que mejor conocen lo que nos ha llevado hasta allí, o cómo queremos que se exprese la solidaridad. El papel de los familiares, que lógicamente van a pensar fundamentalmente en la libertad de los suyos, debería estar supeditado a los intereses colectivos: por supuesto los de los detenidos, pero también los de la lucha, ya que su continuidad y extensión pueden acabar siendo más eficaces para su liberación, por no hablar de que muchos de nosotros no queremos que algunas cosas se abandonen porque nos hayan detenido.

La manifestación final, prevista para el sábado 27 de diciembre, finalmente se desconvocó. En primer lugar, los detenidxs fueron liberados a principios de esa misma semana. Con ese motivo, Delegación del Gobierno decidió ilegalizar la manifestación puesto que el lema “Libertad para lxs solidarixs con Grecia” dejaba de tener validez. Quizás ese pudo haber sido nuestro primer error; de haberlo previsto se podría haber convocado bajo un lema más genérico, que no se lo pusiese tan fácil, aunque en esto tuvo mucho que ver la concentración desconvocada que hemos comentado más arriba. Tras su ilegalización, la mani fue desconvocada, pero éste no fue el único motivo. Aparte del desgaste y el curro que pudo suponer para muchxs, seguramente el progresivo declive de la implicación y la asistencia fue un motivo bastante a tener en cuenta, ya que empezaba a verse la poca proyección que tenía.  La misma semana  de la manifestación muchos carteles estaban aún por pegar y muchos periódicos por mover. En estas condiciones, tirar adelante con una manifestación ilegal no convencía mucho, y menos cuando los detenidos ya estaban fuera. La legalidad o ilegalidad de las convocatorias no son lo único importante. Aunque las manifestaciones ilegales tengan un valor por sí mismas, como no tener que pedir permiso, la ruptura de la monotonía cotidiana, etc., sólo tienen sentido cuando se dispone de la fuerza necesaria para que no sean un completo fracaso. En este sentido, muchas veces nos tocará tragar quina y tener que legalizar manis aunque no queramos o asumir que no podemos hacer manis que nos ilegalicen. A veces, un paso atrás nos permite cubrirnos, vascular y tener una posición mejor para golpear. A eso se le llama estrategia.

7. Propuesta constructiva

Como hemos insistido a lo largo de todo el artículo, es evidente que en Madrid falta algo que pueda denominarse “movimiento”. Aunque hayamos intentado resaltar todas las potencialidades que vimos en estos acontecimientos, está claro que nuestro balance es negativo. Sin embargo, nunca hemos pretendido hacer una crítica destructiva de lo ocurrido. Esta crítica es, ante todo, una autocrítica que asumimos y que consideramos necesaria para seguir avanzando. Por eso, terminamos este artículo lanzando algunas ideas y propuestas constructivas que sirvan de primer paso a la construcción de un movimiento anticapitalista, libertario, anarquista… Como prefiráis, pero que sea real.

En primer lugar, aunque no sea lo único, creemos que para construir este movimiento es fundamental proyectar una cara al exterior, construir un referente, dotarnos de una visibilidad social. Esto no significa rebajar nuestro discurso ni nuestras aspiraciones, por supuesto, aunque quizás sí bajarnos de un pedestal que hemos construido a base de pose y estética. Para nosotrxs, lo más llamativo de la insurrección griega no han sido los ponchazos o los enfrentamientos, sino su alcance y trascendencia social. El discurso anarquista era conocido y, en muchos casos, respetado, aunque no fuese compartido, o sólo lo fuese en parte. Sus formas y maneras podían encontrarse bajo las movilizaciones espontáneas de los adolescentes, los inmigrantes, las ocupaciones de edificios públicos y las multitudinarias asambleas de las universidades. No es que todos los adolescentes, inmigrantes, etc. fuesen anarquistas, sino que hasta cierto punto muchos de ellos han asumido buena parte de su discurso y formas de actuar. Esto da una buena medida de la trascendencia actual del anarquismo en la sociedad griega. Esperar algo así en la nuestra es estar muy ciego, ya que se olvidan los años de trabajo serio y continuado que han llevado a cabo lxs compañerxs griegxs. Es este trabajo el que tenemos que empezar a hacer aquí.

Nosotrxs no entendemos por movimiento una organización o varias organizaciones (unas siglas, vamos), sino un conjunto de ideas y prácticas colectivas abiertas y asumibles por cualquiera, que en determinados momentos pueden expresarse a través de colectivos, grupos de afinidad, espacios, publicaciones, etc. Es decir, no entendemos por referentes o visibilidad unas siglas a las que afiliarse, una estética que adoptar o un gueto en el que refugiarse, sino una determinada perspectiva de la realidad social y por tanto una manera distinta de afrontar sus problemas. Esto plantea dos cuestiones: cómo y dónde construir esta perspectiva y cómo ponerla en práctica y trasladarla al exterior.

Muchos han pensado que desde la teoría se llega a la práctica, que echaremos a andar tras un largo proceso de reflexión y debate, en una serie de asambleas y/o encuentros. Lo que ocurre es que, por nuestra experiencia, la mayoría de las veces estas propuestas mueren a medio camino, quedándose en un “hablar por hablar” que no llega a ningún sitio. No seremos nosotros los que neguemos la importancia de la teoría, el debate y la reflexión: no es que nos sobren precisamente, pero creemos que deben surgir, o al menos ir a la par, de una práctica real.

Una manera de superar este impasse es construir esta perspectiva colectiva a la vez que la proyectamos al exterior. Una forma de hacerlo es que aquellos que compartamos un cierto grado de afinidad comencemos a visibilizarla práctica y teóricamente formando, por ejemplo, bloques en aquellas manifestaciones que nos parezcan interesantes, sin limitarnos a las, digamos, “del gueto”. ¿Por qué no hacer bloques en otras que no convoquemos nosotrxs pero que merezcan la pena? Es curioso ir a manifestaciones “izquierdistas” (contra la invasión de Palestina, por la Sanidad Pública, reformas estudiantiles, conflictos laborales, etc.) y encontrarse a mucha gente afín desperdigada por toda la manifestación. Creemos que con un poco de trabajo previo podríamos confluir todos con un discurso diferente al que tradicionalmente se plantea en estas manifestaciones. Sin pretensión de crear ningún tipo de “bloque negro” (simbólico o no, eso es lo de menos), sino un punto de encuentro diferenciado pero abierto que transmita algo diferente. Diferenciado en cuanto a lo que decimos y hacemos, no en cuanto a lo que somos o creemos ser.

También es necesario empezar a abrir más locales, algo que, por otra parte, muchxs compañerxs llevan haciendo años, pero tratando de que este curro no nos ahogue ni nos deje encerradxs en ellos. Que estos locales sean espacios donde encontrarnos y, sobre todo, desde donde proyectar nuestra teoría y práctica al exterior, no lugares donde escondernos en busca de tiempos mejores, o donde crear nuestra pequeña parroquia.

Otra posibilidad es la participación en conflictos que nos parezcan interesantes, aportando nuestra perspectiva y nuestra manera de hacer las cosas. Nos parece muy importante no caer en ningún tipo de vanguardismo (ni el marxista que va de listillo diciéndoles a los explotados qué hacer, ni al anarquista que va de listillo haciendo por los explotados lo que cree que mejor les conviene) o de seguidismo. Intentar ir de igual a igual, es decir: lo que somos y lo que pretendemos ser.

Creemos además que estas propuestas concretas podrían ser el medio perfecto para empezar a dotarnos de las estructuras organizativas necesarias para cada caso, estructuras que quizás podrían mantenerse en el tiempo, si eso nos ayuda a desarrollar una práctica más eficaz. Más aún, plantearnos problemas concretos, tratar de afrontar los problemas sociales sabiendo qué tenemos que decir en cada caso, podría ser la manera perfecta de desarrollar debates que seguramente nos falten. En el proceso de desarrollar un discurso (un simple panfleto, por ejemplo) sobre cualquier tema concreto (por ejemplo la Invasión del Líbano por Israel) nos enfrentaremos a contradicciones e incertidumbres que pueden ser puntos de partida de debates muy interesantes, que no tienen porqué acabar con la manifestación. Este proceso de debate es fundamental para desarrollar relaciones de afinidad y una teoría y una práctica colectivas, pero  también para saber hasta dónde podemos/queremos llegar juntos.

Hace mucho tiempo que en Madrid vamos a la deriva, perdidos entre modas, callejones sin salida y escondites donde ocupar nuestro ocio. Sólo saldremos de esta situación si entre todxs nos libramos de los lastres acumulados durante años. Estas propuestas concretas pretenden ser una primera piedra en la construcción de algo nuevo.


[1] Carta a los estudiantes escrita por trabajadores atenienses. http://www.klinamen.org/article5534.html

[2] “[…] Al mismo tiempo, en el liceo 17º de Atenas, los alumnos han organizado una exitosa abstención escolar en respuesta a la sanción impuesta a un compañero suyo por no prestar atención al sonido del himno nacional durante un día festivo la pasada semana. Los alumnos protestaron en las puertas de la escuela negándose a entrar y forzando al director a retractarse de las medidas disciplinarias. ‘Los resultados de nuestra movilización nos han envalentonado, ya que han demostrado que mediante la acción colectiva nadie puede ganarnos’” Extraído de http://www.klinamen.org/article6907.html

[3] En Madrid es sólo de palabra, ya que los rectores suele dar permiso a la policía para que entren en las facultades, por no hablar que muchas veces la policía utiliza la excusa de que las calles que atraviesan las universidades, no se consideran arte de las mismas.

[4] En esto hay que tener muy en cuenta que el motivo por el que los detenidos fueron encarcelados preventivamente fue una supuesta “alarma social” de la que no hablamos aquí porque ya se trató lo suficiente en el periódico que editó la asamblea.  http://www.solidariosgrecia.org/Siete.html

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