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Represión a l@s más jóvenes: Situación y formas de resistencia.

In número 2 on 10 marzo, 2010 at 8:33 am

En los últimos meses desde Ruptura hemos empezado a tomar contacto con menores encerrad@s, y con personas que trabajan o han trabajado en lugares donde se les encierra.

En el número anterior, a raíz de los sucesos de Alcorcón hacíamos una reflexión de cómo por algunos instantes habíamos sentido que compartíamos objetivos (armar la de dios) con algunos grupos de chavales. Ahora hacemos un análisis de lo que está pasando con lo que los sociólogos llaman “menores en situación de riesgo” internad@s en centros de reforma (cárceles) o de adaptación psco-social (psiquiátricos). En cierta medida, los artículos y el potencial revolucionario de estos conflictos están relacionados.

¿Qué está pasando…?

Con la Ley del Menor, l@s chic@s infractores pasan a ser tratad@s como “enfermos” o “sujetos a educar” y son puest@s en manos de distintas instituciones que gestionarán las “medidas educativas” con ell@s.

En teoría estas medidas son más suaves que con l@s adult@s, y efectivamente los periodos de encierro son bastante más reducidos… Pero al ser tratad@s como “enfermos”, sumado a su condición de “menores”, son privados de toda capacidad para protestar y decidir sobre sus vidas. L@s jóvenes encerrad@s están a merced completa de sus captores (más que l@s pres@s adult@s). Serán las instituciones “educativas” y quiénes trabajan para éstas los encargados de controlar su existencia de forma absoluta. El sistema de grados es parecido al de l@s pres@s adult@s, pero los modos de chantaje para pasar del régimen semi-abierto al cerrado o viceversa son ominipresentes. Además, la condición de “enfermos” da vía libre también a la psiquiatrización y a la administración masiva de psicofármacos a los menores sin pedir su consentimiento.

Las instituciones privadas que se hacen cargo de l@s chic@s condenad@s tienen un interés meramente económico, y por tanto gastan sus energías en “contener” a l@s intern@s del modo más rentable posible, pasando por encima de muchos de los derechos que tantos motines costó lograr en las cárceles.

Hay varios aspectos a destacar:

–          Uso sistemático del aislamiento como medio de castigo. Cuando l@s jóvenes cometen infracciones del reglamento interno (desde fugarse hasta insultar a un educador/carcelero) se les mete en celdas de aislamiento por periodos que pueden durar hasta 7 días e ir encadenándose de modo que hay chavales que pueden pasar en aislamiento meses. El aislamiento se practica mucho más que las prisiones de adult@s, donde suele ser un recurso excepcional o aplicado únicamente a l@s pres@s más rebeldes. Aún así mientras l@s pres@s adult@s están sometidos a aislamiento suelen tener la posibilidad de acceder una o dos horas diarias al patio, recibir vistas, escribir, etc l@s chic@s se ven sometid@s a “privación sensorial”, a menudo en celdas oscuras. Podemos imaginar las consecuencias devastadoras que tiene para una persona joven pasar días enteros encerrad@ en un pequeña habitación sin más compañía que un camastro de hierro (en algunos lugares quitan hasta el colchón durante las horas del día). Much@s chic@s acaban teniendo paranoias, y muchísim@s acaban autolesionándose (cortes, cabezazos contra las paredes, etc).

–          Medicación forzosa. L@s chic@s más rebeldes son atiborrad@s con psicofármacos diversos y de gran potencia bajo chantajes o amenazas, contra su voluntad o incluso sin su conocimiento (introduciéndolos en la comida). Algunos de estos psicofármacos les crean dependencias que tendrán que resolver a su salida a la calle con otro tipo de drogas.

–          Violación constante de la intimidad. L@s chic@s están supervisad@s a todas horas por “educadores” que les dicen de qué temas pueden o no hablar (está prohibido hablar de las condenas o del funcionamiento interno del centro, por ejemplo), qué palabras emplear, qué hacer en cada momento, etc No se permiten visitas más que de los familiares, y el centro decide qué llamadas se pueden o no recibir. Esto crea un aislamiento social terrible, mucho más grave aún cuando hablamos de gente joven. Hay centros donde incluso está prohibido cualquier contacto físico entre l@s intern@s (abrazos, palmadas, etc) generando una situación completamente destructiva.

Consecuencias.

Empezamos a ver ahora las consecuencias que esta modalidad de encierro tiene sobre l@s jóvenes. Comprobamos que chavales que entraron por pequeños delitos salen con unos niveles de agresividad disparados, fruto de las condiciones tan hostiles del confinamiento. Vemos que la psiquiatrización va teniendo efectos secundarios sobre su sistema nervioso, y que much@s se acostumbran una vez intern@s a consumir sustancias psicotrópicas como vía de escape, ya sean legales o ilegales. Los efectos emocionales del hipercontrol, la privación sensorial y los malos tratos son más variados, pero evidentemente no son positivos. (Pesadillas, paranoias de persecución, baja autoestima, descontrol de los impulsos, depresiones, peleas frecuentes…)

Una prueba más de los efectos negativos del internamiento en centros el gran porcentaje de jóvenes que dan el salto a la cárcel poco después de abandonarlos.

Rebeldía y formas de lucha.

La situación que se vive en el día a día de los centros de menores está siendo acallada, pero aún así cada cierto tiempo van saliendo noticias al exterior. Los motines, huelgas de hambre, plantes, autolesiones, etc son el último recurso al que recurren l@s jóvenes… y son empleados a todas horas.

L@s menores han sido siempre l@s más rebeldes, y de hecho algunas personas opinan que la Ley del Menor se creó entre otros motivos para apaciguar las prisiones de adult@s, donde los módulos juveniles han sido siempre los más propensos a la lucha.

Desde hace años grupos como la Coordinadora de Barrios o las Madres contra la Droga han luchado por sacar a luz lo que está ocurriendo. Por nuestra parte, vemos que puede estarse fraguando un movimiento de solidaridad con elementos comunes con estos grupos, pero también con diferencias importantes.

Pensamos que la forma en que se ha organizado la solidaridad hasta ahora no ha servido para frenar el avance de este modelo porque se ha asumido uno de los puntos fuertes de los que hablábamos antes: la idea de que los menores no tienen capacidad plena de decidir o luchar. Desde nuestro punto de vista (y lo decimos con máximo respeto a quienes se han dejado la piel en esta lucha) se parte de un paternalismo excesivo hacia l@s jóvenes represaliad@s.

Nosotr@s entendemos que la rebeldía ya está en marcha (lo dicen los constantes motines, fugas, agresiones a educadores o vigilantes…) y que como revolucionari@s nuestra función es apoyarla y ayudar a l@s chic@s a tomar una perspectiva global de lo que sucede. Transmitir el mensaje de que lo que les está ocurriendo no sólo es injusto con ell@s como individu@s, sino que un ataque colectivo que sufren como jóvenes pobres, marginad@s y/o rebeldes. La respuesta para ser efectiva tendrá que ser, por tanto, lo más colectiva posible. La solución, más allá de los casos individuales, pasa por un cambio social que ataque las condiciones de vida que les llevaron a los centros.

Vemos necesario organizarnos en tres vías:

–          Por el respeto a los derechos humanos. Fin del aislamiento, la medicación forzosa, la violación de la intimidad y las palizas.

–          Por la denuncia de las condiciones que llevan a l@s jóvenes a estar pres@s. ¿Porqué el 90% de l@s chic@s son de barrios obreros o de zonas pobres? ¿Qué tipo de malos tratos llevan a l@s chavales a salir de los centros completamente desquiciad@s y a cometer luego actos que antes no hacían y que les acarrean condenas más prolongadas?

Por la auto-organización de l@s chavales, sus familiares y sus colegas. Muchas veces l@s amig@s y familiares de l@s chic@s no tienen capacidad para enterarse de lo que está ocurriendo con la persona a la que quieren, o se ven superad@s por la burocracia. Como revolucionari@s, podemos mostrarles las formas que a nosotr@s nos funcionan para resolver los problemas: horizontalidad, solidaridad y acción directa.

La idea es mostrar nuestra propuesta con sinceridad, haciendo saber a l@s afectad@s que estamos en esto no por caridad cristiana, sino por solidaridad. Y por una solidaridad que pretende ser de ida y vuelta, es decir, creando lazos que superen el conflicto carcelario y abarquen otros campos donde podamos también ayudarnos mutuamente. Nosotr@s podemos ser de ayuda en casos concretos, hostigando a educadores especialmente crueles, denunciando las torturas, apoyando las protestas desde fuera, contactando con abogad@s, etc y esperamos que también se nos eche un cable cuando tengamos un conflicto laboral, en el barrio, o en cualquier otro momento en que, como explotad@s, lo necesitemos.

Por ahora, algun@s de nosotr@s hemos empezado a organizarnos de manera informal con otra gente que tiene intereses parecidos. En este tiempo hemos conocido educador@s, personas que trabajan en lo “social”, familiares y a chic@s. Evidentemente, no todo el mundo tiene la misma idea que nosotr@s, y vemos que por eso es importante ir de cara y exponer desde el primer momento nuestras intenciones.

¿Qué se puede hacer?

Proponemos a los grupos que quieran actuar sobre este tema intervenir de varios modos:

–          Localizando a l@s jóvenes de su entorno/barrio que están siendo sometidos a estos encierros, haciéndoles saber que no están sol@s y que es posible luchar contra los atropellos.

–          Investigando a las empresas que se están haciendo de oro reprimiendo y maltratando a la juventud. Localizando a sus responsables, patrocinadores, etc y tomando las medidas de denuncia o escarnio oportunas. Denunciando que el estado entrega aproximadamente 219 euros diarios por cada menor a estas “ONGs” conviertiendo nuestra desgracia en su negocio.

–          Abordando a los trabajadores de los centros, que muchas veces ni siquiera son conscientes del daño que están haciendo. Obligándoles a asumir que l@s chic@s no están sol@s y que torturar, aislar o medicar forzosamente a personas tiene consecuencias.

–          Tomando contacto con otros grupos interesados en el mismo tema, no es necesario que desde una perspectiva revolucionaria pero sí al menos horizontal y externa a las instituciones, para extender el conflicto.

Todo lo anterior son bases para un debate que por nuestra parte queda abierto. Esperamos aportaciones, críticas, sugerencias y sobre todo propuestas de acción.

Para recibir información sobre la gente que se está organizando también en Madrid con esto, podéis escribir a centrosychicxs@hotmail.com

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