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HOY POR TI, MAÑANA POR MÍ… Represión a los más jóvenes y lucha de clases.

In número 4 on 10 marzo, 2010 at 5:47 pm

En este artículo queremos hacer una reflexión teórica sobre un conflicto emergente en el que algunos miembros del grupo Ruptura estamos implicad@s: la lucha contra los centros de reclusión de menores (“reformatorios”).

Cuando se aborda la lucha contra las cárceles y, en el caso que nos ocupa, contra los centros de menores, a menudo se desvirtúa la lucha de clases.Entendemos que los problemas aparecen si:

-Se entra en una espiral asistencialista. Nos referimos a aquellas luchas en las que ciudadan@s bienintencionad@s intentan ayudar a un@s “pobres desvalid@s”. En estos casos los activistas pasan a “luchar por otr@s” que, por otra parte, no toman parte en la lucha y son tomad@s como “objetos del conflicto”, pero no participan en la toma de decisiones ni tienen un papel protagonista.

– Se apoya una imagen del “lumpen” que se idealiza, pensando que el “delincuente” por serlo ya es revolucionario. No es revolucionario igual que no lo es el currito, o el estudiante a priori. Debe tener conciencia. Por tanto, ni desdeñamos ni fantaseamos con la imagen revolucionaria de un sector concreto de la sociedad.

No queremos abordar este tema desde ninguna de las dos perspectivas que en principio nada ayudan al fortalecimiento y avance de la lucha de clases. Pero tampoco queremos obviar la realidad carcelaria, cosa que muchos denominados anarquistas y comunistas parecen hacer bien por miedo a la represión, bien por falta de interés (“lo que no me pasa a mí no me importa”), o bien por falta de encontrar un nexo de unión entre la lucha anticarcelaria y la lucha de clases.

El conflicto entre explotad@s y explotador@s no puede resumirse en una lucha dentro del mundo del trabajo, pues estaríamos contribuyendo a ese “obrerismo” clásico que olvida aquellos aspectos de la vida ajenos al ámbito laboral. Al afrontar la lucha contra los centros de menores, tenemos en cuenta quiénes sufren esta realidad. Los reformatorios afectan casi exclusivamente al sector más empobrecido de la clase proletaria, que no por pobre o excluído deja de ser un sector de nuestra clase al que podemos pertenecer nosotros en un futuro o nuestros amigos y seres queridos en el presente. El empobrecimiento progresivo al que nos somete el capital está haciendo crecer el porcentaje de ese “lumpen juvenil” día a día, principalmente a base de hijos de trabajadores inmigrantes, y es de esperar que la tan manida “crisis económica” aumente las cifras también con hijos e hijas de trabajadores locales. En esta sociedad clasista no tod@s tenemos las mismas oportunidades para desarrollar nuestra vida y cubrir nuestras necesidades, ni siquiera tenemos las mismas posibilidades de acabar en la cárcel (sea de menores o de adultos). Es por tanto un problema que nos afecta, y muy directamente, como clase.

Por otra parte entendemos que la prisión es una estructura de violencia y un mecanismo de castigo. La cárcel se configura como el sistema punitivo correspondiente a la modernidad que no es otra cosa que la consolidación de una clase social en Europa a partir del siglo XVII: la burguesía. Se desarrolla un modelo de sociedad mercantilista, donde todo tipo de intercambio entre las personas se hace en términos de mercancía. Esto es lo que sustenta desde el punto de vista penal la “teoría retributiva de la pena”. Es decir, el concepto mercantilista de la pena consiste en pagar un tiempo de condena en relación con el delito cometido o con el daño causado a la sociedad. Antes de la emergencia y consolidación del estado moderno existían otros sistemas punitivos que no tenían como centro a la cárcel. Todo esto se baña de un barniz presuntamente “reinsertor” que en la cárcel de adultos no pasa de palabras que pocos toman en consideración seriamente, pero que muchos de los que participan en el sistema de reclusión de menores han asumido como propio. Quienes abren y cierran las puertas se llaman “educadores” en las cárceles de menores, y se incide especialmente en cambiar las conductas del chico o la chica presos con constantes actividades y correcciones, a menudo desesperantes y en algunas ocasiones, por qué no decirlo, efectivamente formativas.

Al abordar públicamente este conflicto, el mensaje irá dirigido a que la clase obrera entienda que es a ella a quien la están reprimiendo, no a los “delincuentes” concretos. La delincuencia que puede afectar a nuestros barrios, con sus efectos desagradables (como que nos roben y asalten, o el narcotráfico en nuestro entorno) son consecuencia del actual orden económico y social. Los actos de quienes en un momento concreto nos hacen daño perteneciendo a nuestra propia clase no pueden disociarse del contexto capitalista en el que se producen. Esto no significa que se obvie el problema real que suponen muchos actos “delictivos”, pero cuando se produce un conflicto de intereses en el seno de la clase obrera lo lógico es solucionarlos en ese mismo marco. Esto, que puede parecer utópico en el Madrid de nuestros días es una práctica que ya se ha producido en aquellos barrios donde la auto-organización obrera ha llegado a niveles altos. Ejemplos hoy en día los tenemos en algunas zonas de Latinoamérica, y hace años en el los barrios de influencia anarquista de nuestro propio territorio.

Las ideas de “delincuencia” y “delincuente” son utilizadas por el Estado para intervenir y “proteger la sociedad”. Al Estado no le preocupan otros hechos, construye su realidad y da sus respuestas. Logra así convencer a los ciudadanos “normales”, domesticados, los que nunca van a tener contacto con la policía, ni van a tener capacidad de transgredir la ley, de esa maravillosa sensación que les va a evitar darse cuenta de la perversidad de la lógica dominante. La dominación se presenta como una combinación de la ideología capitalista, los organismos productores de ella, el material e instrumentos necesarios para su difusión y por otro lado el aparato coercitivo que ejerce la dominación directa.

¿Qué hacer en la lucha contra los centros de menores?

Estamos empezando en esto y ciertamente experimentamos en el camino que hemos decidido tomar. En poco tiempo se han obtenido algunos logros y también es verdad que estamos en un momento de clarificación política que nos permita avanzar y enfocar mejor la lucha desde una perspectiva de clase, necesaria si algún día queremos hacer la revolución.

Para comenzar, habrá que aclarar a quiénes afecta este problema. Tenemos a l@s directamente reprimid@s que son l@s chaval@s, y sus familias. Por extensión al barrio del que vienen, ya que si bien hoy el resto de chaval@s no están dentro de la prisión, se trata de un problema que les afecta directa o indirectamente. Para nosotros se trata de fomentar el espíritu solidario y unitario, es decir, hay que fomentar en nosotros mismos y en los demás actitudes de colaboración y apoyo mutuo. Es vital para nosotr@s como clase establecer unos nexos de unión y construir organización dentro y fuera de los centros, constituir asambleas de solidari@s y afectad@s directamente que intenten actuar sobre las condiciones de control y dominación que sufre nuestra clase por parte de la burguesía. El objetivo es que nuestras exigencias vayan subiendo poco a poco de tono hasta que no puedan ser asumidas por el capitalismo. De momento se trata mejorar las condiciones de reclusión, que en personas encerradas es decir mucho. Y si se puede, conseguir que ningún menor se vea en la situación de ser encerrado.

Los puntos clave del conflicto son actualmente:

  • Violaciones de los “derechos humanos”. Torturas, medicación forzosa, aislamiento… Son sólo algunas de las atrocidades que se cometen con l@s chaval@s. Se trata de que ell@s sean conscientes de los abusos que sobre ell@s se cometen y actuemos desde dentro no consintiendo ningún abuso y desde fuera presionando con los medios que se crean necesarios.
  • La represión como negocio. Como ya hemos dicho, este es uno de los muchos negocios de donde l@s capitalistas sacan partido económico. Actuamos sobre estas empresas que se lucran de la tortura. Sus dueños se preocupan de lo que les pueda pasar a sus empresas. Y tienen intereses por muchos lados. Es interesante estudiar las conexiones que bancos y otros negocios capitalistas tienen con estas empresas con actividad represiva. La industria farmacéutica es otro sector que saca buena tajada del encierro de l@s chaval@s.
  • Sacar a la luz lo que está pasando. Actuar en nuestro entorno cotidiano de nuestra vida haciendo saber qué pasa con l@s chaval@s del barrio, qué sucede en el interior de ese edificio que vemos cada día cuando vamos a coger el autobús. Con un lenguaje sencillo, directo y explicando claramente quién y por qué se encuentra encerrad@ tras esos muros.
  • El papel del personal “educativo” de los centros. En cuanto a l@s educador@s, es difícil plantear el tema, ya que en general se ven arratrados por la lógica de dominación y encierro que promueve el sistema. No ven el problema de l@s chaval@s desde una óptica de clase que les hace solidarizarse con ell@s, sino que rápido pasan a adoptar aquel papel por el que se les contrató: el de carceleros. Encierran a personas, torturan física y psíquicamente a l@s chaval@s y se autojustifican posicionándose en contra de l@s excluíd@s. No queremos generalizar, pero sí queremos que est@s trabajador@s tengan en cuenta el papel que les ha tocado realizar (que en nada se parece a aquello que algún día aprendieron en su facultad) y que su trabajo tiene unas responsabilidades que tienen que tener en cuenta, ya que no queremos permitir que la tortura quede impune.

Al afrontar esta lucha nos encontramos con varios problemas:

– Los planteamientos ideológicos de los jóvenes no se traducen en general en una postura política clara. Comprenden más fácilmente que otros que su misera tiene relación con el sistema capitalista, pero no es fácil crear conciencia revolucionaria.

– Nos damos cuenta que las “minorías marginadas” no están dentro de las luchas prioritarias de la clase trabajadora. Esto es así principalmente porque la gente no lucha más que cuando se ven afectadas directamente sus condiciones de vida. Si apostamos por una visión amplia y profunda de la lucha de clases, llegará un momento que los trabajadores ya no solamente se plantearán por qué tienen que soportar unas condiciones miserables de vida, sino por qué tienen que existir cosas como los centros de menores (como los transgénicos, el TAV…).

– No se trata de una lucha con grandes resultados inmediatos. Somos conscientes de que el fin de los sistemas de reclusión sólo llegará en un contexto revolucionario, pero es importante reconocer que se consiguen mejoras muy importantes para la vida de l@s afectad@s.

Por último, ésta corre el riesgo de convertirse en otra lucha moda. Es un tema del que hoy se puede hablar mucho, como ayer molaba la insumisión y mañana la ecología. Esto pasa muchas veces por no tener una visión de conjunto de lo que pasa y de la lucha como algo que afecta a nuestra clase.

Son muchos los pasos que nos quedan, pero también muchas las ganas que nos sobran de acabar con todo esto. Son muchas las dudas y preguntas que nos van surgiendo y a los aciertos y victorias se sucederán también los errores.

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