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Algunas reflexiones sobre la lucha por Amadeu Casellas

In número 4 on 10 marzo, 2010 at 5:49 pm

1. Introducción: crítica, autocrítica, homenaje

La campaña a favor de la liberación de Amadeu Casellas ha sido, probablemente, la que más ha conseguido movilizar en los últimos tiempos a todo ese conjunto de individuos, colectivos y centros sociales que componen el “espectro” libertario de Madrid.

Esto, junto con las características de la propia lucha, ha hecho que esta movilización haya mostrado como ninguna toda una serie de carencias, rutinas, clichés y posicionamientos firmemente anclados en dicho “espectro” que deben ser criticadas, pero también una serie de aciertos y fuerzas que deben ser explotadas y potenciadas.

Ante todo debemos dejar claro que no pretendemos “dar lecciones” a nadie, sino, mediante el análisis y la crítica de nuestras propias experiencias, construir un movimiento más fuerte. En este sentido este artículo es, ante todo, una autocrítica ya que, por diferentes motivos, no pudimos implicarnos tanto como requería la ocasión y, cuando lo hicimos, fue tarde ya que al poco tiempo todo acabó. Igualmente este texto es un homenaje a los compañeros que, nos consta, se implicaron hasta la extenuación en esta lucha y, por supuesto, al propio Amadeu, que ha sido un ejemplo de determinación, firmeza y coraje.

Afortunadamente, Amadeu llegó a un acuerdo con Instituciones Penitenciarias y, presumiblemente, acabará saliendo del talego. Esto seguramente ha hecho que, a pesar de haber sido una enorme fuente de experiencias, las valoraciones públicas o colectivas hayan sido escasas, por decir algo. Incluso, cuando las ha habido, se ha dejado sentir un cierto triunfalismo en nuestra opinión bastante inocente. Sin embargo, la lucha de Amadeu no ha terminado aquí, sólo ha alcanzado un alto en el camino. Sabemos de la fiabilidad de las promesas del Estado y por eso mismo no deberíamos confiarnos. Valorar los errores cometidos y buscarles solución no es, por tanto, un ejercicio de masturbación intelectual sino una necesidad para afrontar más eficazmente las luchas del futuro, sea por Amadeu, por cualquier otro compañero preso o por cualquier otro motivo.

2. Una lucha fuera de lo común

Pocas veces se ha enfrentado en los últimos tiempos el “espectro” libertario a una lucha como esta. Sin duda este es el aspecto más destacable de la campaña: la crudeza de su motivo. Pocas veces le toca a uno la desagradable sensación de tener en sus manos la vida de un compañero, porque en vista de la determinación que mostraba Amadeu en llevar hasta el final la huelga de hambre esto era ni más ni menos lo que estaba en juego: la vida de un compañero.

Comparado con estos, los “grandes clásicos” de la movilización parecen un juego de niños. No porque lo sean, ya que en muchos casos (inmigración, lucha contra la guerra imperialista, FIES, etc.) el motivo en cuestión conlleva la muerte y el sufrimiento de  miles o millones de personas. Y sin embargo, la cercanía lo cambia todo. El fracaso de la lucha tendría unas consecuencias cercanas, palpables, en muy corto plazo: la muerte en cuestión de semanas de un compañero. Y estos son otros dos factores a tener en cuenta: no sólo se luchaba contra el Estado, también se luchaba contra el tiempo, y este no da tregua; y además no habría vuelta de hoja ni segunda oportunidad: o se ganaba o se perdía, o se vivía o se moría.

Creemos que recalcar esto es importante, porque ante una lucha tan extrema, todas esas carencias y clichés que comentábamos no podían sino mostrarse de forma extrema.

3. Activismo

Enfrentados a una situación tan grave, se respondió, como viene siendo habitual, en gran parte recurriendo al activismo. El activismo, en su sentido peyorativo, es hacer las cosas por hacerlas, repitiendo unos esquemas predeterminados, básicamente porque se llevan haciendo “toda la vida” o, dicho de otro modo, porque es lo único que se sabe hacer. El activismo se puede presentar en un sentido formal, como por ejemplo la repetición de la rutina cartel-panfleto-pegata-manifa-charla (el orden de los factores no suele alterar el producto), sin ver más allá. Últimamente se le suma alguna que otra acción simbólica que poder colgar en el Youtube, pero poco más. No es que la propaganda, las manis o incluso las acciones simbólicas sean inútiles, no. El problema es que se repiten clichés sin pensar muchas veces en lo que se quiere conseguir con ellos o en a quién-a dónde se quiere llegar.  Esto es mucho más claro a nivel de contenidos, donde el activismo se muestra en todo su esplendor. Sin un análisis claro y explícito de qué es lo que se quiere y cómo se pretende conseguir, los contenidos suelen derivar a “lo de toda la vida”: el mismo mensaje, la misma estética, etc., que muchas veces es totalmente inadecuado para lo que se pretende.

Por supuesto, el activismo no puede ser la excusa para la pasividad, quien hace esta crítica no hace más que mostrar sus carencias. Al activismo debemos oponer el análisis, la estrategia, la experiencia y la experimentación. No se trata de repetir clichés pero tampoco de innovar por innovar, se trata de buscar los medios que se adecuen a los objetivos y a las propias fuerzas: tan fácil de decir, como difícil de conseguir.

4. Concretando

Planteado como objetivo liberar a Amadeu, la pregunta era aún más obvia “¿cómo vamos a conseguirlo?” Descartada cualquier tipo de liberación forzosa, algo que se intentó varias veces en los setenta pero que a día de hoy es una opción ridícula, el único camino posible era el de la presión a las instituciones. Está claro que a Instituciones Penitenciarias, a la Generalitat, al Gobierno o al Estado se la suda la vida de los presos en general y la de Amadeu en concreto. Podrían haberle dejado morir como dejaron morir a los presos de GRAPO, o como dejan morir día tras día a los enfermos terminales de SIDA, o, peor aún, podían haberle liberado una vez que su estado de salud fuese irreversible, para que muriese “en libertad”. Quien no tenga esto claro vive en una casa de gominola en la calle de la piruleta. Todo pasaba, en nuestra opinión, por conseguir que la muerte de Amadeu Casellas se convirtiese en un problema para las instituciones, por conseguir que fuese más cómodo dejarle vivir que dejarle morir. Así expresada, la lógica del poder se muestra en toda su aterrorizadora frialdad.

Llegados a este punto empiezan los problemas, o mejor dicho, la contradicción entre deseos y realidades, entre lo que se quiere conseguir y lo que se puede conseguir, entre lo que se busca y lo que se tiene. Esto, que es lo habitual, alcanzó tintes dramáticos cuando lo que está en juego es la vida de un compañero.

A nosotros nos hubiera gustado ver una manifestación de miles de personas exigiendo la libertad de Amadeu Casellas, dispuestas a hacer lo que fuese necesario por sacarle de la cárcel: a dar un paseo por la ciudad, a enfrentarse a la policía, a arrasar los edificios del gobierno que hiciesen falta, o al sabotaje continuo y repetido de estos, a la ocupación de edificios, los escraches públicos de políticos, etc. Sin embargo somos lo suficientemente realistas para saber que esto no iba a ocurrir, y no porque sea imposible, sino porque no se dan las condiciones para ello ya que no existe un movimiento lo suficientemente fuerte y decidido para llevarlo a cabo.

Es cuando nos enfrentamos a las situaciones concretas cuando las verdaderas carencias salen a la luz, y cuanto más empuja una lucha, más carencias salen, porque es el día del examen cuando uno se da cuenta de lo que pasa si no se han hecho los deberes.

Teniendo en cuenta que la huelga de hambre había comenzado a finales de junio, cuando el tema comenzó a agrupar a un número considerable de gente y a alcanzar las cotas máximas de movilización, a mediados de agosto, ya se había perdido un tiempo precioso. Unido a la gravedad de la situación, aplicar presión significaba aplicar la máxima presión en el mínimo tiempo posible. Teniendo en cuenta nuestras limitaciones, esto significaba, como mínimo y en primer lugar, dar a conocer el caso lo más ampliamente posible, de forma que, al menos, Instituciones no pudiese mantenerlo en secreto y que Amadeu contase con la baza de la incomodidad que le supone al Estado tener que justificar públicamente por qué deja que alguien se pudra en el talego o muera por un formalismo legal. Esto no es nada nuevo, el propio Amadeu, pidió acciones “públicas” o mediáticas, y todo el mundo comprendió que éste era el primer paso. Las páginas webs “de contrainformación“ se saturaron con noticias, comunicados y reivindicaciones referentes a Amadeu Casellas, de forma que llegase al mayor número de gente que visitaba estas webs. Por lo que sabemos, probablemente hacía mucho tiempo que no se repartían tantos panfletos en tan poco tiempo.

Sin embargo, es aquí donde entra el activismo. Es evidente que semejante volumen de propaganda estaba destinado hacia fuera del “espectro” libertario, que cuenta con otros canales de comunicación (desgraciadamente en su mayor parte a través de internet). Es decir, el objetivo era que el mayor número de gente conociese el caso de Amadeu. Y sin embargo, para este objetivo, tanto el contenido como la estética y la forma del mensaje son bastante poco adecuados teniendo en cuenta a quién se pretende llegar. Cojamos como ejemplo el cartel titulado “Libertad o Muerte”. Puede que para nosotros el lema “Libertad o Muerte” suponga un ejemplo de determinación que nos conmueva, nos haga pensar y nos movilice. Sin embargo, no creemos que para la mayoría de la población suponga lo mismo. Lo mismo podría decirse de la imagen de la pantera negra o de la frase de Amadeu. Este cartel, perfectamente válido para ponerlo en los centros sociales o para movilizar a la gente más cercana y concienciada, fracasa estrepitosamente, en nuestra opinión, a la hora de plantear la cuestión a alguien parcial o totalmente ajeno a la realidad penitenciaria o al propio “espectro” libertario. El propio contenido del texto está lleno de referencias y códigos dirigidos fundamentalmente a dicho  espectro, pero ajenos al resto de la población. No habría sido mala idea montar una web que “centralizase” toda la propaganda y donde la gente interesada por la lucha de Amadeu pudiese encontrar de forma fácil, ordenada y comprensible toda la información del caso, los comunicados de Amadeu, las acciones de solidaridad, etc.

Que no se nos entienda mal. No estamos diciendo que haya que rebajar el discurso, por ejemplo, diciendo chorradas del estilo “Amadeu es inocente”, no. Lo que estamos diciendo es que si queremos que el resto de la población se entere del caso de Amadeu debemos poner los medios para que les llegue esa información de la mejor forma posible, no repitiendo esquemas que si bien funcionan en determinados ambientes, son difícilmente ampliables. Lo mismo puede decirse al contrario, de nada valdría lanzar a nuestra gente el mismo mensaje que al resto de la población. La página web que mencionábamos arriba se quedaría corta para nuestra propia gente, que tiene otros medios para enterarse de lo que ocurre.

Se trata, en todo momento, de saber a quién te diriges y “hablarle” de la forma necesaria. Puro sentido común. A pesar de todo, y aunque más adelante trataremos el tema de los medios de comunicación con más detalle, es un gesto a aplaudir y, sinceramente, nos quitamos el sombrero por el esfuerzo realizado, que se haya tomado como opción principal el camino mucho más difícil y trabajoso, pero también mucho más real, de tratar de llegar a la gente directamente, sin intermediarios, que recurrir directamente ruedas de prensa o huequitos que nos dejen periodistas enrollados.

Otro aspecto a tratar es la implicación y sus grados. Supongamos que alguien lee el panfleto o el cartel y se interesa por el caso ¿qué puede hacer?, el cartel lo dice bien claro, podrá “ignorarle” o “ayudarle”, pero en este último caso no le damos ninguna opción de cómo hacerlo. No es que pensemos que la gente sea tonta y que haya que decirle lo que tiene que hacer, al contrario, cuando la gente se interesa por algo suele mostrar una gran creatividad, lo que decimos es que si para muchos de nosotros, que supuestamente nos hemos enfrentado a situaciones “parecidas”, la situación casi se nos escapaba de las manos, ¿cómo podemos pretender que alguien sepa qué puede hacer para “ayudar” a Amadeu? Lo más lógico es que empiece por meter Amadeu Casellas en el Google y, si el interés va más allá, esté dispuesto a escribir un correo para informarse del caso, preguntar qué puede hacer, o quejarse a alguien. Esto no son suposiciones nuestras, es algo que hemos visto en la lucha contra los centros de menores. La página web “central” que comentábamos podría haber contado con un correo electrónico de contacto al que dirigirse. También podría tener ristras de mails de instituciones, políticos, etc. a los que dirigir quejas. No creemos que se las vayan a leer, o que de hacerlo realmente les interese, pero saturarle el mail a un político nunca está de más. Lo mismo podría haber textos que enviar por correos en cadena, etc. Seguro que a cualquiera se le ocurren diez ejemplos mejores. Da igual. Lo importante aquí es que, por un motivo o por otro, no se han sabido explotar todas las posibilidades a nuestro alcance para dar a conocer la lucha de Amadeu. Y esto no se limita a los medios telemáticos. Que en una lucha de este calibre e importancia no hayan aparecido en Madrid ni pegatinas ni carteles a color, por lo llamativo más que nada, en cantidades industriales, es un síntoma de que algo no se hizo bien, o al menos, no lo suficientemente bien. No creemos que sea por falta de medios, esto sí que sería bastante lamentable, así que deberíamos plantearnos cuál ha sido el motivo. También es sintomático el uso de las pancartas en los puentes, teniendo en cuenta la velocidad a la que van los coches, lo poco que puede decirse, la cantidad de vallas publicitarias por kilómetro y lo poco que suelen durar, deberíamos plantearnos si realmente sirven para algo más que para tirarles una foto y subirlo a internet. Que se considere que algo así merece ser publicitado a la web lo dejamos para otra ocasión…

Hasta aquí lo referente a dar a conocer lo que estaba pasando. Sin embargo, es obvio que la presión no podía haberse detenido ahí, sino que debía ir más allá. Por motivos obvios, nos abstendremos de comentar los actos de presión reales “no públicos”. La valoración y la crítica de este punto son tan necesarias como las demás pero este no es el espacio ni el medio.

En lo referente a los actos públicos, la campaña en Madrid se planteó, en nuestra opinión, mal por varios motivos. En primer lugar, las competencias penitenciarias están transferidas a la Generalitat de Cataluña por lo que a quien había que presionar y exigir la libertad de Amadeu era a ésta y no a Instituciones Penitenciarias, que no tiene competencias. Dicho esto, la concentración del cinco de septiembre frente a Instituciones podría tener más o menos carácter simbólico pero de medida de presión, nada de nada. Pero quizás más grave aún es que la concentración se convoque con todas las características para que sea un acto puramente simbólico pero luego se deje de lado a medios de información y contra información, en teoría para potenciar la comunicación “real” frente a la “mediática”. Si realmente se quería jugar, ante todo, la baza de la comunicación “real”, la concentración debería haberse convocado en un sitio masificado donde se nos viese y pudiéramos llegar a la mayor cantidad de gente: Sol, Atocha, Gran Vía, etc., pero no en un sitio relativamente desértico un viernes por la tarde como era ese, en el que la policía pudo rodearnos con las furgonas y casi evitar que se nos viese desde la acera de enfrente. La concentración podría haber quedado muy bien para una foto o un video, pero comunicación “real” más bien poca.

¿Cuál es el problema? Para nosotros, una cierta falta de análisis. Se decide apostar por la comunicación “real” y por la presión “directa”, lo cual, dejémoslo claro, nos parece un acierto tremendo y el camino a seguir, pero sin embargo la concentración se hace en un sitio relativamente poco transitado peatonalmente y frente a una institución que carece de competencias directas en el caso. Se elige el destino correcto pero se pretende ir por el camino contrario, lo cual es totalmente comprensible, teniendo en cuenta que últimamente la mayoría de las luchas y campañas, eligen la vía mediática y espectacular, a la cual la acción real está en muchos casos subyugada (el RES, la obsesión por los videos y las imágenes en Internet, aparecer en el telediario, etc.). Por la importancia general que se le da, y por la excepción que ha supuesto la lucha de Amadeu Casellas, nos gustaría acabar tratando, brevemente, el papel de los medios en esta y otras luchas.

5. Medios de Comunicación

Sobre los medios de comunicación se han dicho tantas cosas que parece innecesario decir más. Nosotros sólo queremos recalcar algunos breves apuntes. Respecto a los medios podemos encontrar dos posturas bien diferenciadas. Los que creen que los medios de comunicación pueden y deben ser utilizados, con diferentes grados de reserva, y aquellos que piensan que los medios de comunicación, en general, no deben ser utilizados, también con diferentes grados de matices. A pesar de estar más extendida, no comentaremos en detalle la primera postura, que da para un análisis aparte. Nos limitaremos a exponer, brevemente, porque compartimos la segunda postura y también porque nos diferenciamos de una determinada manera de expresarla.

Para nosotros rechazar el uso de los medios es, ante todo, una cuestión estratégica y política. La utilización de los medios de comunicación suele distorsionar el contenido del mensaje que se quiere lanzar, por no hablar de que llamar comunicación al monólogo unidireccional que escupen los medios es poco menos que obsceno. Es cierto que el uso de los medios de comunicación permite un acceso rápido a grandes sectores de la población, lo que probablemente sea una oferta irrechazable para los que tienen algún mensaje que ‘vender’,  sin embargo, es un acceso de lo más fugaz, o dicho de otro modo, el periódico de hoy envuelve el pescado de mañana. Para que algún tema cale en la población por la vía mediática hay que recurrir al bombardeo, al martilleo sistemático. Como todo ex concursante de Gran Hermano sabe, hay que currárselo para mantenerse en el “candelabro”. No es de extrañar que algunas tácticas fundamentalmente orientadas a los medios traten de concentrar una batería de acciones en una semana, de otro modo, su mensaje se diluiría entre sucesos, crónica rosa y desgracias nacionales e internacionales. Además, los medios tienden a personalizar los conflictos: les encantan los portavoces, las ruedas de prensa, las opiniones, las encuestas, etc. De alguna forma esto imprime su sello en el propio movimiento. Los portavoces, generalmente aquellos con mejor labia y presencia, acaban transformados en vedettes mediáticas, por no hablar de las consecuencias de la fama, la adulación, etc. Hay que tener la cabeza muy bien amueblada para no dejarse arrastrar por todo esto y, siendo sinceros, tanto en esta sociedad como en nuestro movimiento se suele abusar del estilo IKEA: rápido, barato, baja calidad y difícil montaje. Por todo esto es lógico tengamos más que reservas en la utilización de los medios de comunicación. Nosotros creemos que para que una lucha sea efectiva a corto y largo plazo  debe orientarse, ante todo, a  generar lazos de clase entre iguales, relaciones basadas en la solidaridad, el apoyo mutuo y el enfrentamiento con la opresión y la explotación. Difícilmente el uso de los medios de comunicación puede aportar algo significativo a esto.

Dicho esto, repetimos que nuestro posicionamiento se basa sobre criterios políticos y estratégicos y esto es lo que nos diferencia de determinadas posturas que rechazan el uso de los medios de comunicación, pero que lo hacen en base a argumentos morales, es decir, el uso de los medios de comunicación sería ‘bueno’ o ‘malo’ en sí mismo. Usarlos sería  ‘mancharse las manos’, casi ‘pecar’. Esta moralización, muy frecuente en determinados ambientes libertarios, no se limita al uso de los medios de comunicación sino que se extiende a muchas otras cuestiones. Ojito con equivocarse, no estamos diciendo que no existan criterios morales en determinadas cuestiones, lo que criticamos es una tendencia a moralizar todos y cada uno de los debates políticos,  a expresarlos en términos del  ‘bien’ y del ‘mal’.

No tenemos sitio aquí para analizar en detalle de dónde viene esta tendencia a moralizar los asuntos políticos, aunque sería interesante hacerlo, ya que parece ser una tendencia secular entre determinados anarquistas. En muchos casos puede entenderse como una respuesta histórica al vomitivo posibilismo de leninistas y socialdemócratas, o, al “valetudo” que se ha impuesto últimamente en determinados ambientes “ciudadanistas”,  el cual, en el fondo, sólo es una versión enrollada de lo anterior, donde hunde sus raíces. En otros casos seguramente sea una forma de “codificar” de una forma simplista todo un conjunto de lecciones extraídas de experiencias previas. De esta forma uno se ahorra tener que afrontar esas incómodas contradicciones de la vida real.

Lo que más nos interesa ahora mismo es valorar algunas de sus consecuencias más dañinas. Por un lado, la codificación moral elimina de un plumazo cualquier valoración estratégica: “los medios son malos. Punto”. Se sustituye el análisis de la situación por un cómodo resorte cerebral. Por otro, al plantear estas cuestiones en el plano moral, el debate suele acabar derivando hacia la personalización de las mismas en términos de “falta de coherencia”, “hipocresía”, “asco”, etc. Sólo el eterno debate de “la coherencia” podría llenar páginas así que nos limitaremos a decir que, lamentablemente, en muchas ocasiones, el recurso a la coherencia es más pose que integridad y más veces aún trata de maquillar una desorientación respecto a cómo actuar en la realidad.

Decimos todo esto porque creemos que en el caso de la campaña de Amadeu Casellas, está moralización, del asunto medios ha podido desorientar un poco al personal, mostrando algunas de sus contradicciones.  Partiendo de la valoración de este conflicto que hemos hecho más arriba, creemos que este es uno de los pocos casos en los que se podía haber intentado jugar la baza mediática. Esto no significa lanzarnos ahora a dar ruedas de prensa y a mendigar huecos en los periódicos progres. No. Nos referimos a tratar de que las acciones y la difusión (por internet o en la calle) tuviesen la mayor repercusión mediática posible para intentar que el caso de Amadeu empezase a conocerse en la calle. Esto no significa en ningún caso rechazar la comunicación real y las acciones, sino todo lo contrario, potenciarlas al máximo. El problema de la ‘lógica mediática’ es que invierte el orden lógico de los sucesos. Pretende recurrir sistemáticamente a los medios para crear un movimiento real, cuando la realidad es que sólo un movimiento real puede aparecer sistemáticamente en los medios.

Sin embargo, una postura moral contra los medios de comunicación no acepta excepciones. La manifestación del día 5 no fue comunicada a los medios, ni tampoco se preparó algún comunicado para los mismos en caso de que apareciesen. Simplemente se hace como que no existen. La gran contradicción del moralismo se muestra cuando hay incluso quien sólo se opone a ‘llamar a los medios’ pero no tiene mucho en contra de que ‘aparezcan’. Como decimos, el problema es ‘mancharse las manos’… cogiendo un teléfono.

Para acabar con este tema nos gustaría hacer una advertencia. Ya hemos comentado que consideramos esta campaña como un conflicto “excepcional”, no creemos que recurrir a los medios sea de gran utilidad en la mayoría de los conflictos reales y desde luego no creemos que centrar la lucha en la aparición mediática sea útil en ningún caso (ni siquiera en éste). La advertencia es que las excepciones son excepciones, no reglas. Es muy habitual que mediante el recurso continuado a ‘lo excepcional’ se trate de normalizar determinadas actitudes, tácticas, etc. Para ello debemos recordar siempre las condiciones que hacían necesario o posible las diferentes tácticas usadas para que nos la cuelen con el “aquella vez hicimos esto, así que no se qué problema hay en hacerlo otra vez”.

6. Conclusión

Este texto es una crítica hecha desde dentro, intentando transmitir nuestras dudas y nuestras opiniones, sobre todo a nivel estratégico con el objetivo de luchar por la liberación de Amadeu con las mayores expectativas de victoria posibles, y contemplando todas las posibilidades. No se trata de ningún tipo de lección moral, como ya hemos apuntado. Por eso queremos que se entienda y se asuman las aportaciones críticas como una reflexión por nuestra parte de lo que supondría encauzar todos los esfuerzos hacia los lugares más indicados para presionar realmente a quien hay que presionar para que se concedan las revindicaciones de un preso en estado crítico tras una huelga de hambre tan larga. Seguramente puedan encontrarse culpables o responsables directos de la situación de Amadeu, y posiblemente, puedan haberse llevado a cabo acciones que pudieran haber presionado en ese sentido, tanto de instituciones competentes de este caso, como de personas. Es por eso que no creemos que para campañas de este tipo puedan y deban utilizarse los mismos medios que para otras labores más cotidianas.

La campaña por la liberación de Amadeu Casellas ha tenido sus luces y sus sombras. En lo positivo, destacaríamos sobre todo el esfuerzo realizado por muchos compañeros así como el recurso a la comunicación real y la propaganda en la calle frente al ciberactivismo o la lucha mediática. En lo negativo, que no se ha sabido aprovechar las oportunidades que ofrecían en este caso la difusión por internet y la difusión mediática y el que en muchos casos se ha caído en el activismo, seguramente por falta de un análisis más detenido. Sea como sea, el camino es largo y este sólo ha sido un pequeño paso. Sigamos aprendiendo.

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